26 de agosto de 2010

Mijaíl Bakunin


Mijaíl Bakunin nació el 8 de mayo de 1814 en la provincia de Twer, en el seno de una familia numerosa perteneciente a la nobleza rural. Nació, pues, bajo el signo de la Restauración (Metternich y la Santa Alianza). En el trono de los zares se sentará Nicolás I, quien, en frase de Lamartine, tenía como objetivo de su vida lograr la "inmovilidad del mundo". La Rusia en la que nació Bakunin era la Rusia del despotismo, de la esclavitud y de la explotación del pueblo por la aristocracia y burocracia zaristas. Mal momento, pues, para quien, como Bakunin, nacía no bajo el signo de una estrella, sino bajo el de un cometa, como decía su amigo Herzen.
Cuando Bakunin tenía once años, en 1825, un grupo ilustrado y liberal se rebeló contra el zar: eran los "Decembristas". Murieron victimas de la represión brutal. Su insurrección quedaría como símbolo de la juventud revolucionaria.
La familia de Bakunin, en la que también hubo víctimas y, sobre todo, simpatizantes de los rebeldes, sin embargo, no parecía sentirse a disgusto bajo Nicolás I. Y en ningún caso podían imaginar que su hijo Mijaíl iba a seguir las huellas de aquéllos. El padre de Mijaíl, que se había doctorado en Filosofía en Italia, era un hombre de mentalidad liberal, que se haría notar en la educación de sus hijos, pero que, desde 1825, apenas si tuvo alguna manifestación en el ámbito político. De ahí que haya autores, como Joll, que lo consideren conservador.
El ambiente familiar estaba saturado de misticismo e iluminismo, realidad que marcaría profundamente el espíritu de Bakunin y que juzgo importante tenerlo en cuenta para comprender sus actitudes posteriores. El recuerdo de estos años idílicos y armoniosos alimentaría en Bakunin en más de una ocasión, como veremos, la necesidad de un oasis de paz y solidaridad para un nómada turbulento y forzado, como él, a luchar sin descanso contra las belicosas tribus del desierto de la historia, capitaneadas por el demonio del poder.
Tras la represión de los Decembristas y durante medio siglo, Rusia no se movería y el mayor imperio del mundo se inclinaba postrado ante la reacción autócrata. A lo más, algunos intelectuales pusieron en peligro sus vidas, al querer sembrar en ese barbecho de libertad un poco de semilla importada de la Europa liberal y revolucionaria. Bakunin entraría en contacto con ellos cuando, después de haber abandonado su carrera militar y haber declinado un puesto burocrático, llegó a Moscú en 1834. Seguiremos los pasos de Bakunin desde ese momento, dividiendo su vida en cuatro períodos, como lo hace Hepner.

Nicolás I, a quien, como dice Planty-Bonjour", su preceptor no le vio nunca un libro entre las manos, se había propuesto convertir la realidad rusa en una "vida sin filosofía". La célebre policía secreta de la "Tercera Sección", creada con la finalidad de perseguir a filósofos y pensadores, no logró, como es lógico, erradicar la filosofía, pero sí la redujo a su mínima expresión y la recluyó en los círculos y salones en que se reunían los intelectuales más díscolos, así como dificultó una tradición filosófica digna de este nombre.
En el momento en que Bakunin llegó a Moscú existían tres círculos intelectuales más importantes:
El de Stankevitch y sus amigos, entre los que se encontraba Belinsky y, más tarde, el propio Bakunin; se basaban en la filosofía alemana, especialmente en Fitche, Schelling y Hegel;
El de Herzen y los suyos, entre los que se encontraba Ogareff; se inspiraban en la tradición revolucionaria y el socialismo franceses, fundamentalmente en Saint-Simon;
El de los eslavófilos, finalmente, que rechazaban la cultura occidental y deseaban hacer hegemónico en Rusia lo específicamente ruso, aunque también se inspiraban en Hegel y Scheiling.
Bakunin se hizo amigo íntimo de Stankevitch (joven filósofo, muerto a los veintisiete años, que tuvo una enorme influencia en la cultura rusa de esta época) y de Belinsky (el critico más célebre de la Rusia del XIX). En este circulo se tenía la convicción de que, bajo Nicolás I, era inútil esperar nada razonable en el plano político-social. Por eso se refugiaban en el mundo del pensamiento puro. Basta, pensaban, resolver los problemas a un nivel teórico e interior para obtener la paz del alma.
Bakunin, tras leer la Crítica de la Razón Pura, por recomendación de Stankevitch, pasa a estudiar el Camino hacia una vida feliz, de Fichte. Ricarda Huch dice que es el primer libro alemán que Bakunin estudió y que fue decisivo para toda su vida posterior. Para el filósofo alemán, el mundo no es más que el reflejo del yo agente; el hombre puede, por tanto, elevarse sobre la naturaleza y hacerse así verdaderamente libre. A Bakunin le agradó especialmente la idea fichteana que justifica el sufrimiento como una condición necesaria para iluminar la vida con la luz de la conciencia, para purificar el alma de todo lo que es exterior y mundano, para aprender así la suprema felicidad. El libro de Fichte, inspirado en el evangelio de San Juan, subraya, como éste, la contraposición entre amor y ley, dando siempre la primacía al amor. Bakunin se identificó con esta actitud libre de toda ley y buscaría la trasascendencia del yo, hasta identificarse con el absoluto en una renuncia y ofrenda totales.
La importancia de Fichte en la obra de Bakunin fue decisiva. Aunque unos años más tarde, y como resultado de su contacto con la izquierda hegeliana, sufriera una crisis que le alejaría del idealismo, la ubicuidad de su rebelión y el carácter absoluto de su negación conservarán siempre los rasgos de la hipóstasis fichteana del yo. Fuerza, autodeterminación, independencia para avanzar hacia los objetivos propuestos, capacidad de abstracción y de distanciamiento de la realidad empírica, es lo que Bakunin admiraba en Fichte y es, en buena parte, lo que heredó de él.
También le cautivó el romanticismo alemán y de forma muy especial una obra que en adelante iba a citar a menudo: El Fausto de Goethe. La idea alemana de la libertad personal que encontraba en el joven Goethe y en Lutero, la rebelión de lo desconocido, de lo natural, de lo popular, de lo telúrico, de lo inédito, contra la dominación de lo racionalizado, legalizado o centralizado, le encantaba. Y, aunque el romanticismo alemán estuviera en la Reacción en el terreno político, su idea original inspiradora no estaba menos en contra del Absolutismo de los Príncipes y del Gobierno de los burócratas, que de la esencia de las Constituciones modernas, del parlamentarismo y del constitucionalismo. Por eso Bakunin compararía el fenómeno del romanticismo con el cristianismo original, y su manifestación histórica con el catolicismo ultramontano.
Este gusto por el romanticismo le acercó a Schelling, filósofo que dominaría el pensamiento ruso hasta la llegada de Hegel. Para Schelling, el sujeto y el objeto, el yo y la naturaleza se identifican para manifestarse en el genio creador del artista. El mundo se convierte así en una gran obra de arte, en la que Dios se crea a sí mismo. Esta filosofía de la Identidad que elevaba la materia hasta el alma y que veía a ambas como manifestaciones de un gran principio unitario, captable con la ayuda de la contemplación intuitiva, y del que el arte era una expresión perfecta, cautivaba a Bakunin. Por tanto, a mi juicio, es muy importante tener presente a Schelling para entender en parte el materialismo de Bakunin.
Como afirma A. Koyré, para los schellingianos rusos "Schelling era sobre todo, el filósofo que había puesto las bases de una metafísica nueva, abarcando a la vez el mundo de la naturaleza y el del espíritu. La Naturphilosophie les seducía por su carácter científico, por su realismo por el hecho de que prometía un conocimiento real de la verdadera realidad. La metafísica realista y vitalista de los schellingianos devolvía al universo su unidad perdida y al hombre su lugar en el universo".
Hacia 1837, Bakunin comenzó a estudiar a Hegel con absoluta dedicación y apasionamiento. Para esta fecha ya era manifiesto el clima de fervor hegeliano en los círculos intelectuales. Se leían y discutían sus obras directamente del alemán. La importancia de Hegel es clave para poder comprender la obra de Bakunin.
Rompiendo con su período fichteano, declaró más tarde que la filosofía era menos un amor a la vida ideal que una comprensión especulativa de lo concreto y que un saber real de verdad. Sin embargo, todos los escritos de esta época (Memorias de 1837) en los que opone el hombre natural sometido a sus pasiones a la universalidad del género, hacen pensar más bien en la ascensión milagrosa del héroe platónico hacia lo divino que en la Enciclopedia hegeliana. En efecto, para Hegel, lo finito escapa y se niega para convertirse en otra cosa que sí mismo, pero precisamente así se realiza. Para Bakunin, lo finito es el mal, la mentira, la sombra. Él, que se creía fiel a Hegel, seguía más cercano al orfismo que a la verdadera filosofía especulativa. Y, si es verdad que, a medida en que estudiaba a Hegel, se iba acercando a él, sin embargo, no abandonó, al menos en ese período, su actitud órfica.
La célebre sentencia de Hegel sobre la convertibilidad entre lo real y lo racional era objeto de discusiones apasionadas en los círculos moscovitas mencionados. Pero a Hegel siempre se le interpretaba en la más pura tradición de la derecha conservadora. Bakunin, aunque en un principio no distinguió entre existencia verdadera y existencia empírica e interpretaba también a Hegel en la mencionada línea conservadora, parece que entendió bien este pasaje de Hegel, que tanta importancia iba a tener en toda su obra posterior.
En Moscú conoció Bakunin a dos amigos, que lo serían para toda la vida. Se trata de Alejandro Herzen y Nicolás Ogareff, dos jóvenes que volvían de cumplir una condena de destierro por sus ideas políticas. Ambos de origen noble, francófilos, tocados por el virus socialista no se encontraban a gusto en el clima idealista que dominaba en los cenáculos intelectuales de Moscú.
Herzen despertó el instinto revolucionario de Bakunin y le alertó ante los peligros de un idealismo conformista y reaccionario. Bakunin sintió que la fórmula de la racionalidad de lo real resultaba excesivamente estrecha y cínica en el contexto de una realidad tan oscura y reaccionaria como la rusa, y partió para Alemania. Tenía veintiseis años.
La Alemania de 1840 estaba en plena transformación. Un naciente proletariado, una burguesía que luchaba por los principios liberales y, sobre todo, un Estado prusiano que, con Federico Guillermo a la cabeza, proclamaba, sin cesar, su liberalismo y su espíritu revolucionario, era el caldo de cultivo propio para una juventud hegeliana que haría bascular todo el sistema del maestro.
Bakunin se metió de lleno en este ambiente de efervescencia teórica y política. También él descubrió un Hegel totalmente distinto. ¿Fue a raíz de una nueva lectura de la Fenomenologia del Espíritu, como comenta Koyré?. Según Hepner, fue el encuentro con A. Ruge en un viaje desde Dresde, el que atrajo a Bakunin hacia la izquierda hegeliana. También influyó de forma decisiva, como confiesa el mismo Bakunin, la lectura del libro de Lammenais, La politigue a l'usage du peuple, que fue para él una revelación.
En adelante, los problemas sociales y políticos pasaron a ser su centro de interés. Para completar su formación, recorrió los artículos del Hallische Jahrbücher y, tras la prohibición de éste, los de Deutsche Jahrbücher, que dirigía el mismo Ruge y en el que colaboraron Bauer, Stirner y otros. Se puede decir que Bakunin había pasado del período de la reconciliación con la realidad a la rebelión contra la misma; de la filosofía especulativa a la acción política, bajo la influencia de los hegelianos de izquierda.
Bakunin estaba en plena crisis y comenzó su larga y decisiva batalla contra la abstracción y la metafísica y por la afirmación de la vida que, como veremos, es lo nuclear de su etapa anarquista. Una vida que ya había dejado de ser "feliz", pero que empezaba a ser "humana":
"Cuando decimos que la vida es bella y divina, entendemos por eso que está llena de contradicciones; y cuando hablamos de esas contradicciones, no es una palabra vacía. No hablamos de las contradicciones que sólo son puras sombras, sino de contradicciones reales, sangrantes".
En medio de estas contradicciones sangrantes se sitúa el Bakunin revolucionario.

El segundo período, que va desde el año 1842 al 1849, es el de los años de amistad con los radicales alemanes, el de la agitación revolucionaria, el de las consecutivas expulsiones de diferentes países, el de la participación entusiasta en la revolución de febrero de 1848 en París, el de la pasión por la causa eslava, el de la participación en las revoluciones de 1848 de Praga y de mayo de 1849 en Dresde, el de su arresto, el de la doble condena a la pena capital por los alemanes y austriacos, el de la extradición a los gendarmes de Nicolás I.
Llevado por su interés cada vez mayor por las cuestiones sociales se dedicó a la lectura de la literatura social y política de época. Le fascinó, sobre todo, el libro de Lorenz Stein, Die Sozialisten in Frankreich, del que dice en su Confesión:
"Este libro me reveló un nuevo universo en el que me precipité con todo el ardor y todo el fuego de un hombre que está muriendo de sed. Creí asistir al anuncio de una nueva gracia divina, tener la revelación de una nueva religión de la dignidad, de la elevación, de la felicidad, de la liberación de todo el género humano; me puse a leer las obras de los demócratas y de los socialistas franceses y leí ávidamente todo lo que pude conseguir en Dresde. Al conocer poco tiempo después a Amo/d Ruge,que editaba entonces la revista Die Deutschen Jahrbüche, revista que evolucionaba también en esa época de la literatura hacia la política, escribí para él un artículo filosófico y revolucionario titulado Die Parteien in Deutschland, que firmé con el seudónimo de Jules Elyzard".
La importancia de este artículo no está, como comenta Planty-Bonjour, en la novedad de lo que dice sobre el hegelianismo como filosfía de la praxis, ya que otros, como Bauer y el mismo Ruge, también lo hacían, sino que está en su intrépida lógica para sacar conclusiones de la nueva interpretación de Hegel.
Bakunin ha aprendido de Hegel que en la oposición, en la contradicción, el lado negativo, el que pone la dialéctica en movimiento, es más fundamental que el lado positivo; que la significación total y la fuerza irresistible del negativo es destruir el positivo.
Incluso afirmaría que, finalmente, el principio positivo no es nada o, más bien, no tiene valor más que en la medida en que él mismo es negativo. Extraordinaria mistificación lógica que anuncia el anarquismo de Bakunin. La negación es una relación negativa que no existe más que en la medida en que niega algo. El principio de lo positivo lleva en si el principio de su propia destrucción, porque en sí el positivo no es más que "reposo absoluto". En la medida en que es algo, en que contiene una cierta actividad, es decir, la exclusión de su contrario, el principio negativo, es negatividad. Lo positivo en Bakunin es, pues, más aniquilado y abolido que subsumido o superado. No hay verdadera Aufhebung (negación-superación) hegeliana.
A nivel político, su análisis, desde las categorías hegelianas de oposición y contradicción, le lleva a identificar la tesis con el partido conservador-reaccionario: que es la afirmación intransigente del positivo con la exclusión del negativo, al que se opone con todas sus fuerzas y al que ve como inconciliable con sus tesis. La antítesis es el partido revolucionario, que busca la destrucción del partido conservador sin conciliación posible, pues la verdad de éste está en su oposición a la revolución; en sí es quietud absoluta, positivo solamente frente al negativo, la absoluta inquietud. El partido conservador-conciliador cree poder aplicar la reconciliación, porque admite la existencia y la legitimidad de la contradicción. Pero la evidencia muestra que el reformismo no tiene sentido. La oposición no es equilibrio, sincretismo, sino un prevalecer del negativo.
Bakunin se definió por una revolución sin condiciones, por un radicalismo intransigente, que calificaría, a partir de ese momento, todas sus tomas de posición frente al cambio socio-político.
Radicalismo básico que lo veremos manifestarse de diversas formas. Hasta ahora se había manifestado como huida fichteana de la realidad, en un primer momento; como reconciliación total con la realidad, después, y, finalmente, como divinización de la antítesis, de la insurrección destructora y disolvente.
Bakunin está, pues, aquí muy lejos de Hegel, ya que toda la obra del maestro alemán es una critica de esta afirmación inmediatista e indeterminada de la libertad. La hipóstasis bakuniana de la negatividad, que le llevaría a radicalizarse en la apología de la destrucción de las mediaciones institucionales o de las realidades absolutas, como Dios, el Estado, las Instituciones, para afirmar una pretendida libertad, hizo de Bakunin, más que un hegeliano, un "monstruo de la dialéctica", como lo calificó Proudhon.
En Suiza, donde se refugió junto con el mismo Ruge, tras la supresión de los Jahrbücher, motivada en parte por el articulo de Bakunin, conoció a Weitling por mediación de Herwegh. Weitling fue el primer comunista alemán. Bakunin quedó profundamente impresionado de él.
Anthony Masters subraya la decisiva influencia de Weitling sobre Bakunin en tres áreas clave: fijando la atención de Bakunin en el mundo trabajador y en el proletariado; orientándole con su utopismo hacia el anarquismo (también Carr comenta que Bakunin veía ya en él el embrión del credo anarquista); finalmente, le hizo caer en la cuenta de la importancia de los grupos declassés de la sociedad para la conspiración revolucionaria. A pesar de todo, Bakunin escribió una serie de artículos en el Schweizerische Republicane en los que, tras afirmar que no era comunista, declaraba que no le gustaría vivir en una sociedad concebida según las teorías de Weitling, ya que ésta no sería una comunidad de hombres libres, sino un rebaño de animales viviendo bajo la coacción”.
Bakunin fue a París en 1844. Allí entró en contacto con muchas personalidades célebres, entre otros, Marx y Engels, así como numerosos franceses famosos que le presentaron a sus amigos polacos de exilio, con los que Bakunin luchó en contra del mismo zar”. Se hizo amigo íntimo de Proudhon, quien en aquellos momentos publicó su Filosofía de la Miseria. Ambos, durante noches enteras, discutían sobre filosofía, en especial sobre Hegel y, casi con toda seguridad también, sobre Feuerbach. En opinión de Masters, Bakunin habría introducido a Proudhon en Hegel.
Como dice Nettlau, durante estos años (1844-1847), Bakunin no estaba alineado con ninguno de los grupos socialistas (fourieristas, cabetistas, marxistas), por considerarlos sectarios y no encontrar en ellos plasmada su propia concepción del socialismo. No cabe duda de que la influencia de Proudhon debió ser decisiva en este sentido. Su irreductible oposición al comunismo, su lucha contra el centralismo estatalista, su oposición al positivismo y al capitalismo, su anarquismo y federalismo, son posturas claves de Bakunin, que no se podrían explicar seguramente si no fuera por la influencia de Proudhon.
Bien es verdad que el Proudhon de estos años que precedieron a la Revolución de 1848, no es todavía el Proudhon de la dialéctica polarizada entre Estado y Sociedad económica (1848-1852), ni el Proudhon radicalmente antiestatista, pero recordemos que Bakunin aún es un revolucionario sin filiación precisa (época paneslavista) y que volverá a encontrar a Proudhon en 1864, después del largo cautiverio. En cualquier caso, y a pesar de las no pocas críticas que Bakunin hizo a la incoherencia de su maestro”, se sintió continuador de la obra de Proudhon y así lo dijo explícitamente.
También el encuentro de Feuerbach, del que hablaremos más adelante, dejaría una gran impronta en Bakunin. Su antropologismo, la crítica del fenómeno creyente, de la religión, que durante el siglo XIX fue el modelo y fundamento de las otras críticas, hallaron un renovado eco en la obra de Bakunin.
Señalo también aquí el encuentro con la filosofía positiva de Comte de la que también daremos razón más adelante; el encuentro con M. Stirner, quien veía en Bakunin una personificación de sus teorías libertarias, "la cólera rebelde de Stirner", como diría Engels.
A finales de 1847, nadie preveía la inminente presencia de la Revolución y Bakunin, solicitado por los polacos de París, con motivo de la conmemoración de la revolución polaca de 1831, pronunció un discurso en el que presentó su programa revolucionario en favor de causa eslava. Más tarde, en otoño de 1848, resumió su pensamiento a este respecto en su famoso Llamamiento a los eslavos. Tras el discurso de París, tuvo que refugiarse en Bélgica donde le sorprendió la revolución.
La revolución de febrero de 1848 intentó llevar a cabo la labor de la revolución de 1789, interrumpida por la Restauración. Salió de las entrañas de París y se extendió en unos pocos días a Milán, Venecia, Viena, Berlín, etc. Bakunin volvió desde Bruselas a París en un azaroso viaje y vivió unas semanas febriles de entusiasmo revolucionario entre los milicianos y en las barricadas. Fueron semanas que quedarían grabadas en su memoria como "esa fiesta sin comienzo ni fin", que es preciso instaurar como norma de convivencia y que influiría en el imaginario de Bakunin a la hora de formular su paradigma revolucionario
Al gobierno francés, que había reemplazado a Luis Felipe, le molestaba la intransigencia revolucionaria de Bakunin y se congratuló de poder liberarse de él, ayudándole financieramente a marchar a Polonia para una misión ficticia. Todos los demócratas estaban de acuerdo en constatar que Rusia representaba el gran arsenal de la contrarrevolución y los más avanzados pensaban que la Europa regenerada debe hacerle la guerra. Bakunin planeó apoyarse en los polacos para lograr tal objetivo, pero ni siquiera llegaría a ese país. A medida en que iba atravesando Alemania se iba extendiendo la leyenda de sus conspiraciones e intrépida crueldad. Combatió en Praga, donde había participado en el Congreso eslavo, y en Berlín. Sus contactos con la emigración polaca, principalmente aristocrática y llena de simpatía por la democracia, aunque incapaz de asumir la posición procampesina y anticlerical de Bakunin, inspiraron sospechas. Se le acusó de ser un agente provocador ruso: acusación hábilmente urdida por la policía zarista y que circuló en los medios revolucionarios. Amenazado de extradición, se instaló en Anhalt donde comenzaría la redacción de L' Appel aux slaves par un patriote russe, reclamando ya la revolución social y no sólo la política, si bien aquélla es una consecuencia necesaria de ésta. Afirmó además el abandono de cualquier alianza con la burguesía y el papel revolucionario del campesinado, enfrentándose a Marx.
Bakunin marchó a Dresde donde, junto a Wagner, resistió a las tropas prusianas encargadas de "restablecer el orden". Al caer la ciudad en sus manos, Bakunin huyó, pero en Chemnitz sería capturado y entregado a la policía. Condenado a muerte por las autoridades sajonas, fue enviado a Austria para otro proceso, en el que igualmente fue condenado a muerte en 1850. Le fue conmutada la pena por la de trabajos forzados a perpetuidad y, al final, le llegó la extradición a Rusia.
En la fortaleza Pedro y Pablo se terminaba la experiencia "burguesa" liberal-demócrata de Bakunin.

Es el período de los años 50. Bakunin había vuelto a su tierra, abandonada hacía once años, y volvió para morir como los Decembristas o para pudrirse en la prisión. No se le sometió a ningún proceso. Completamente aislado en una celda minúscula, apenas si se alimentaba.
El único lujo que se le permitía en este sepulcro era el de escribir su famosa Confesión. Es éste un documento que, al margen de la polémica sobre la intención de Bakunin al escribirlo, que sigue aún en pie, tiene el gran interés de mostrar cómo el "hegeliano" y revolucionario Bakunin seguía siendo eslavo con las particularidades sicológicas propias de un ruso.
Bakunin sintió la desesperación y la soledad o, mejor dicho, la desesperación de la soledad, ya que él, nacido en y para la comunión solidaria, se vio condenado al anacoretismo forzado, es decir, a la muerte lenta del cuerpo y del espíritu. Fue tal su desesperación que llegó a plantearse, en varias ocasiones, el tema del suicidio y su familia llegó a temerse lo peor.
Después de ocho años que habían convertido a Bakunin en un viejo obeso y desdentado, en 1857, la imprevista, aunque anhelada, gracia del zar, le envió al exilio a Siberia. Allí vivió Bakunin un período de tranquilidad. Se casó con Antonia, hija de un exiliado polaco. En 1861 se escapó y, a través de Japón y Estados Unidos, llegó a Londres junto Herzen y Ogareff.
Bakunin no sólo sobrevivió a la prisión, sino que salió vivo, poseído por el diablo de la revuelta, animado por la pasión revolucionaria.

Es éste un período lleno de aventuras revolucionarias, entre las que sobresalen su participación en la Comuna de Lyon, su propaganda y "acción espontánea", sobre todo en los países latinos, su lucha contra Marx y Mazzini, su febril dedicación a la organización anarquista.
Bakunin no creyó ya en el liberalismo, en la democracia burguesa. El es quizás el único entre los exiliados rusos que fue capaz de comprender el movimiento "Tierra y Libertad". Creyó en las movilizaciones polacas de 1863 que deberían ayudar al levantamiento de los campesinos rusos e hizo gestiones ante la opinión pública sueca para lograr su apoyo. Sus discursos y artículos le hicieron célebre, pero se volvió sin poder conseguir el apoyo solicitado.
Sus diferencias con Herzen y Ogareff se hicieron cada vez más profundas y casi definitivas.
Tras una mala experiencia de la causa polaca y de las huidizas organizaciones secretas rusas, se retiraría por completo de los movimientos nacionalistas eslavos y, al ver que ni en Londres ni en París había aliciente para él, se dirigió a Italia.
Antes de partir, se encontró en Londres con Marx, quien le pidió su adhesión a la Primera Internacional. Bakunin no aceptó y entre ellos se abrió una lucha sin tregua. En París vería a Proudhon, unas semanas antes de su muerte.
Si la partida de Bakunin de Moscú en 1840 significó su transformación de rebelde instintivo en revolucionario consciente, la experiencia de 1863 significaría otro cambio radical: el revolucionario demócrata se convirtió en anarquista.
Bakunin no era un teórico de profesión y la mayor parte de sus ideas, como hemos podido ver, tenían ya sus precursores destacados. Pero, cuando Bakunin se hizo anarquista, no fue porque abrazara teorías de otros. Adaptó un programa a su temperamento y, al mismo tiempo, creó un movimiento al que transmitió este temperamento y este programa. Antes de él, el anarquismo era una filosofía o, a lo más, una tendencia política que correspondía a un instinto vago y oscuro. En lo sucesivo, el anarquismo tendría unas señas de identidad propias en el proceso revolucionario. La aportación de Bakunin a las teorías sociales es original: la revolución debe llevar a la anarquía y la anarquía debe ser revolucionaria. Su idea del anarquismo se resume en la sola palabra de "libertad". Más adelante veremos con detención qué quiere decir esto.
Su programa anarquista era, pues, al mismo tiempo, el programa de una organización. Así nacía en Italia, en 1865, La Fraternidad Internacional:
"Esta sociedad tiene como objetivo la victoria del principio de la revolución sobre la tierra, es decir, la disolución radical de todas las organizaciones e instituciones actualmente existentes, religiosas, políticas, económicas o sociales, y la transformación de la sociedad, en primer lugar europea y más tarde universal, sobre la base de la libertad, la razón, la justicia y el trabajo".
Bakunin quiso salir al paso de los dos grandes obstáculos para la revolución, que continuó viendo en Italia: el nacionalismo estatalista, de un lado, y la nefasta influencia religiosa y burguesa o pseudosocialista sobre la juventud, del otro.
De hecho, La Fraternidad serviría de "partera socialista" para mazzinianos como Fanelli, Tucci, Friscia y otros. La labor de Bakunin en Italia iba a ser decisiva.
Con el programa de La Fraternidad Internacional, del que forma parte fundamental El Catecismo Revolucionario, nació el anarquismo revolucionario.
En sus obras posteriores Bakunin apenas añadiría nada esencial. Sin embargo, su evolución debía madurar aún, ya que siguió creyendo todavía que la revolución social podía hacerse con la alianza, e incluso bajo la dirección, del sector progresista y bienintencionado de la burguesía. Pronto daría un paso más y se separaría de ésta para voltearse únicamente hacia el proletariado. Este paso lo dio con ocasión del Congreso demócrata e Internacional de la Liga por la Paz y la Libertad que se reunió en Ginebra en 1867 y en el que, a pesar del éxito personal de Bakunin, su desacuerdo con la mayoría del Congreso fue manifiesto; y, sobre todo, en el Congreso de Berna (1868) del que Bakunin se retiró con la mayoría de los anarquistas e internacionalistas. Una de sus principales obras teóricas, Federalismo, Socialismo y Antiteologismo fue el fruto de sus discursos y apuntes en estos Congresos.
Marchó a Suiza y, después de conocer a Guillaume, que sería su amigo más fiel a lo largo de toda su vida, se estableció en el Jura. Fundó la Alianza Internacional y se adhirió a la Internacional (AIT). Es conocida la buena acogida que Bakunin tuvo entre los relojeros de la región del Jura, donde hizo su propaganda. Gracias a Fanelli sus ideas se difundieron en regiones industriales, como Cataluña.
La maduración de la ideología anarquista implicaba un distanciamiento progresivo, cada vez más profundo, de Marx. Las primeras controversias nacieron en el seno de la Internacional y las dos interpretaciones revolucionarias, la autoritaria de Marx y la anarquista de Bakunin, chocaron violentamente.
El año 1869 fue un año aciago para Bakunin. Fue el año de la amistad con Nechaeff, que tantos problemas le originó. Sin embargo, es un momento de gran interés para el estudio de la sicología de Bakunin. Por otro lado, también sería la ocasión para que Bakunin matizara su pensamiento y produjera folletos de la altura del que titula Los Osos de Berna y el Oso de San Petersburgo, que escribió intentando movilizar a los suizos contra la extradición de Nechaeff. Es una de sus obras más brillantes, sobre todo en lo que toca al tema del poder.
En 1870 estalló la guerra franco-prusiana. Los dos jefes de la Internacional tomaron posiciones enfrentadas ante la contienda. Marx se declaró pro-prusiano. Bakunin, que no hacía distinción alguna entre la Francia bonapartista y la Alemania de Bismarck, estaba persuadido de que el militarismo prusiano era mucho más peligroso para la causa de la humanidad. Todo lo que él detestaba: la ideología del Estado, el centralismo, el burocratismo, lo encontraba encarnado en Prusia, que se enorgullecía de todo ello, como de grandes virtudes y que deseaba imponerlo a toda Alemania primero y al mundo entero después. Francia, por el contrario, tenía una tradición histórica de haber sido civilizadora de la humanidad. El peligro estaba en el imperio de Napoleón. Por eso, había que derrocar al bonapartismo y transformar la guerra nacional en guerra revolucionaria. Bakunin desarrolló este programa en sus Cartas a un Francés (1870), que partían del principio de que el socialismo seria vencido por mucho tiempo en Europa, si la revolución social no estallaba en ese momento en Francia. Proponía, pues, al mismo tiempo la revolución y la guerra.
En 1871, vuelta a la acción. Era el año de la Comuna de Lyon, en la que los anarquistas eran relativamente numerosos. Aunque habiendo fracasado a causa, según Bakunin, de la inhibición de los campesinos, él sentía el triunfo de la Comuna de París, en la que, aunque no participó personalmente, puso todo su esfuerzo, favoreciendo las insurrecciones locales. Pero él veía la Comuna como hija de su espíritu.
Fruto de su reflexión sobre los acontecimientos de 1871 es su libro El Imperio Knouto-germánico y la Revolución Social (1871). Una vez más, profesaba en ese momento su convicción de que sólo una victoria del pueblo francés podía salvar al mundo de una larga dominación de la Reacción representada por Alemania y Rusia. Era preciso hacer la re-volución social y política al mismo tiempo, pero la burguesía y las medidas contrarrevolucionarias del gobierno provisional imposibilitaron dicha revolución.
Sus reflexiones sobre la nueva Alemania tienen el valor de una profecía. Bakunin polemizaba con Marx que, como hemos dicho, defendía a Alemania y echaba la culpa a Rusia. Marx, decía Bakunin, no debía buscar los gérmenes del despotismo prusiano en Rusia, sino que, por el contrario, debía descubrirlos en la historia de Alemania, que fue la que los exportó a Rusia. Bakunin sentía una verdadera germanofobia que no tiene escrúpulos en declarar continuamente. Decía que los alemanes eran una raza predestinada a "realizar el ideal de la servidumbre voluntaria". "Los otros pueblos pueden ser esclavos, pero los alemanes son siempre lacayos". "El servilismo alemán se ha convertido en un sistema, en una ciencia, en una enfermedad incurable".
Otro enemigo reconocido de Bakunin fue Mazzini, quien, al atacar a la Internacional y a su militarismo, así como a la Comuna, provocó numerosos escritos, y de gran interés para conocer el pensamiento de Bakunin. La Respuesta de un internacional a Mazzini, La Internacional y Mazzini, La Circular a mis amigos de Italia, son algunos de estos textos más conocidos.
Apenas terminada la confrontación con Marx, y mientras continuaba con la diatriba contra Mazzini, participó en las tentativas de levantamiento en Italia. El fracaso de la tentativa de Bolonia, que le obligó a afeitarse la barba para poder huir disfrazado de sacerdote anciano, pesaría sobre un hombre probado por tantas luchas y experiencias. Se retiró a Suiza, donde vivió miserablemente, pero donde aún publicó una obra importante: Estatismo y Anarquía, que impresionó a Marx, quien la estudió cuidadosamente. En esta obra se refleja un pensamiento mucho más maduro, matizado y sereno, que el pensamiento de Bakunin del que nos hablan normalmente los estereotipos. Bakunin demuestra que no sólo es un luchador, sino que es además un pensador de talla.
El adiós de Bakunin es la expresión de un proverbio chino que a él mismo le gustaba citar: "Cuando ya has repicado las campanas, baja del campanario". Bakunin estaba demasiado fatigado y enfermo. Su renuncia como miembro de la Federación Jurásica y de la AIT iba acompañada de una Carta a los compañeros de la Federación Jurásica, que es el testamento espiritual del Maestro Bakunin y que guarda un paralelismo sorprendente con el discurso de despedida de Jesús, según el evangelio de Juan. Cito aquí sus párrafos finales:
"Pero, antes de partir, permitidme agregar estas breves palabras. La batalla que tendréis que sostener será terrible. Pero no os permitáis el desaliento y sabed, a pesar de los inmensos recursos materiales de vuestros adversarios, vuestro triunfo definitivo quedará asegurado, si cumplís fielmente estas dos condiciones: sostened firmemente el gran principio universal de la libertad popular sin el cual son falsas la igualdad y la solidaridad. Organizad aún más fuertemente la solidaridad militante y práctica de los trabajadores de todos los oficios en todos los países; y recordad que, por más infinitamente débiles que podáis ser como individuos en localidades o países aislados, constituiréis una fuerza inmensa e irresistible cuando estéis organizados y unidos en la colectividad universal. Adiós. Vuestro hermano, M. Bakunin".
Bakunin murió en Berna el 1 de julio de 1876. Sus últimas palabras fueron, según el testimonio de Mme. Reichel, las siguientes: "No necesito nada, he acabado bien mi trabajo".

Esta Biografía ha sido tomada del libro de Demetrio Velasco "Etica y Poder Político en M. Bakunin", publicado en la serie "Filosofía" de la Universidad de Deusto.

18 de julio de 2010

Freedom

El primer "Freedom" surgió del movimiento socialista británico a inicios de los años 80 del siglo XIX. En aquellos tiempos había varias organizaciones con su periódico asociado (la Federación Social Democrática con Justice y Today, la Sociedad Fabiana con Practical Socialist y Our Corner, la Liga Socialista con Commonweal...). Los anarquistas estaban activos en todas ellas, pero no tuvieron iniciativas independientes hasta la creación de un Círculo de anarquistas ingleses en mayo de 1885. Este grupo incluía tanto a exiliados continentales (como Nicola Chaikovsky y Saverio Merlino) como a nativos británicos, entre los cuales destacaba la activa escritora y oradora Charlotte Wilson, que propagaba el anarquismo en las publicaciones y organizaciones socialistas desde 1884.
Cuando Piotr Kropotkin, la figura más conocida del movimiento anarquista internacional, salió en enero de 1886 de la cárcel francesa en la que se encontraba, Wilson fue la responsable de que el "Círculo" le invitara a acudir a Gran Bretaña y unirse a ellos. Llegó en marzo de ese año y el grupo decidió editar un periódico anarquista: ése será el origen de "Freedom" y de la "Freedom Press".
Mientras, Charlotte Wilson escribía un informe anarquista dirigido a los fabianos "¿Qué es el socialismo?" (publicado en junio de 1886) y llevaba a los anarquistas, tras una ajustada votación, a un mitin socialista en apoyo del parlamentarismo (Hotel Anderton, septiembre de 1886). Estaba clara la necesidad de un órgano de prensa que clarificara posturas.
"Freedom" empezó a publicarse, como mensual, en octubre de 1886. Desde el principio fue concebido no como el órgano de un grupo particular, sino como una voz independiente dentro de un movimiento amplio. Al principio fue descrito como "Publicación del Socialismo Anarquista", pero en junio de 1889 pasó a ser "Publicación del Comunismo Anarquista" y siempre ha sido vocero de la principal corriente del anarquismo, aunque dando espacio a diferentes puntos de vista.
Aunque "Freedom Press" se centró en el periódico desde 1889, también editó otras publicaciones: primero panfletos, luego folletos y libros, la mayoría obra de autores extranjeros (Kropotkin sobre todo, pero también Malatesta, Landauer, Grave, Nettlau, Pouget, Cherkezov, Emma Goldman, Berkman y, por supuesto, Proudhon y Bakunin), aunque los escritores británicos (incluyendo a Herbert Spencer y William Morris) también tenían su espacio. Y desde el principio promovió frecuentes debates y ocasionales mítines públicos.
Durante la mayor parte de la primera década, "Freedom" fue editado y generosamente financiado por Charlotte Wilson, pero la contribución más importante fue la de Kropotkin. "Freedom" llegó a ser el principal periódico anarquista en lengua inglesa, una posición que mantuvo durante mucho tiempo. Alfred Marsh fue el sucesor de Wilson al frente de "Freedom", desde 1895 hasta 1912. Tomó su relevo Tom Keell.
Después de la I Guerra Mundial el anarquismo pareció eclipsarse por el ascenso del bolchevismo y el fascismo en el extranjero y del socialismo parlamentario en el interior, y el "Freedom" originario cesó de publicarse en diciembre de 1927. A partir de entonces, y hasta 1936, se vivió en el grupo editor una época de enfrentamientos y disensiones que hizo que apareciera, entre 1930 y 1936, un "Freedom" paralelo, impulsado por John Turner y Oscar Swede.
Cuando comenzó la guerra civil y la revolución social en España, la "Freedom Press" ayudó a dar a conocer los acontecimientos y a reavivar el movimiento anarquista en Gran Bretaña: Spain and the World, editado por iniciativa de Vernon Richards y Maria Luisa Berneri, apareció quincenalmente desde diciembre de 1936 hasta diciembre de 1938, cambiando luego el nombre por Revolt.
Con el comienzo de la II Guerra Mundial apareció un nuevo periódico de la "Freedom Press": War Commentary, que empezó a publicarse en noviembre de 1939. Se retomaron otras publicaciones, se adquirió una imprenta en Whitechapel y se abrió una librería. "War Commentary" colaboró con pacifistas radicales y con los pocos socialistas que escapaban de las directrices de los partidos laborista y comunista, y la "Freedom Press" se involucró en actividades subversivas y en la propagación de material antimilitarista. Como consecuencia, la "Freedom Press" fue intervenida y tres de sus responsables encarcelados justo cuando la guerra estaba acabando en Europa. Cuando la guerra terminó también en Asia, en agosto de 1945, se retomó de nuevo el nombre de "Freedom", que se ha mantenido desde entonces. En 1951, Vernon Richards comenzó a lanzar "Freedom" como semanario. Allí publicó por entregas su Enseñanzas de la revolución española. En 1964 abandonó momentáneamente su dirección, pero reasumió poco más tarde la tarea porque consideraba que sus sucesores estaban llevando el periódico por derroteros equivocados, y continuó siendo uno de sus principales animadores hasta los años 90.
La "Freedom Press" ha editado varios periódicos más, como la revista mensual Anarchy durante los 60 y la trimestral The Raven, cuyo primer número apareció en noviembre de 1986, así como un gran número de panfletos y libros, incluyendo reediciones y antologías de clásicos anarquistas.
Todo el trabajo que ocasiona llevar adelante la "Freedom Press" siempre ha sido realizado de forma voluntaria, sin rebir dinero a cambio, y así continúa siendo.

16 de julio de 2010

A Tornallom

Un documental sobre la lluita de l´horta de La Punta (València)

La ciudad de Valencia sigue creciendo de manera irracional. La ampliación del puerto pretende eliminar otra zona de huerta, “La Punta”, donde hay organización y lucha para permanecer en la tierra, y preservar formas de vida. Tras años de acoso y desgaste, deciden invitar a militantes de diferentes colectivos a que vayan a vivir a la huerta, okupando casas que habían quedado abandonadas para compartir resistencias frente al ladrillo.

A Tornallom, que en el lenguaje de la huerta significa intercambio de faenas sin dinero, narra la lucha de los nuevos vecinos y los vecinos de toda la vida para mantener en común la defensa de la huerta.

http://www.lamalatesta.net/atornallom-p-2811.html?osCsid=dgb0i5l6eao384atnh21ernsu0

Pd: Gracias Joana.

15 de julio de 2010

Durruti en la revolución Española

Se cumple el centenario del nacimiento de Buenaventura Durruti, una de las principales figuras del anarquismo español, que es lo mismo que decir de los últimos ciento cincuenta años de nuestra historia. Porque a pesar de los intentos por minusvalorar, despreciar, cuando no ignorar, la extensión, persistencia y arraigo de las ideas ácratas en nuestra sociedad, cualquier observador que se aproxime a nuestro pasado más reciente no podrá dejar de observar la presencia de mujeres y hombres que, desde distintas organizaciones y planteamientos, han defendido las ideas libertarias. Con la publicación de esta biografía no se trata de mitificar al militante ácrata, ni elevarlo al panteón de los hijos ilustres muertos por la patria o la revolución. Sin embargo, tampoco hay que arrojar al olvido a personajes que, por sus cualidades personales o por las circunstancias concretas que les tocó vivir, pueden representar a otros miles de hombres y mujeres anónimos y sintetizar acontecimientos que sí deben ser recordados más allá de la historia oficial, de la elaborada por el Poder. Como instrumento de lucha, como elemento de resistencia a la desinformación imperante aparece esta edición de «Durruti en la Revolución española».

Abel Paz es el autor de Durruti en la Revolución española y de otros muchos trabajos, unos publicados y otros todavía inéditos. Algunos ya han sido traducidos a varios idiomas. Todos centrados en el mundo libertario, como sus giras de conferencias por numerosos países, desde Italia a Australia, pasando por Japón. Actividad consagrada a difundir los ideales libertarios. Una actuación a contracorriente. Como la del mundo libertario en los estudios históricos.

http://www.lamalatesta.net/durrutienlarevolucinespaola-p-218.html?osCsid=6bskaa7thvhluog48cdlqvfkn6

Pd: La portada del libro que he subido es de el libro más actual, contiene más información, fotografias etc.. Pero lo han quitado de la librería, ahora solo esta el más viejo, que es el que os he puesto el enlace. Pero bueno básicamente es el mismo.

14 de julio de 2010

Nace un héroe, (José Buenaventura Durruti Domínguez) 114 aniversario.

Buenaventura Durruti (14 de julio de 1986 León, España / 20 de noviembre de 1936, Madrid, España) Sindicalista y revolucionario anarquista español, que participó en varios actos de acción directa dentro de una pequeña organización clandestina “los solidarios”, formó la “Columna Durruti” para combatir en la Guerra Civil Española.

Nace en el seno de una familia obrera, el 14 de julio de 1896, en el barrio de Santa Ana de León, España. Segundo de los ocho hijos de Santiago Durruti y Anastasia Domínguez. De los ocho hermanos —Santiago, Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto, Pedro, Manuel y Rosa— sólo tres sobrevivieron al finalizar la guerra. Su padre fue curtidor y estuvo ligado a la lucha del proletariado español. En 1903, fue arrestado durante una huelga a favor de la reducción de la jornada laboral a diez horas. Al salir de la cárcel, se empleó como obrero ferroviario. Sus abuelos corrieron suerte parecida. Todo esto, sumado a la miseria que vivió desde pequeño, determinó su vida como revolucionario. En una carta a su hermana Rosa, Buenaventura escribía: "Desde mi más tierna edad, lo primero que vi a mi alrededor fue el sufrimiento no sólo de nuestra familia sino también de nuestros vecinos. Por intuición, yo ya era un rebelde. Creo que entonces se decidió mi destino".

Desde muy joven, se interesó por la literatura anarquista. A los doce años dejó de asistir a catecismo y se negó a cumplir con cualquier tradición católica, en una época en que la religión estaba muy arraigada en todo el pueblo español. Se afilió a la misma central que su padre, la Unión General de Trabajadores (UGT), pero tras la huelga general de agosto de 1917, fue expulsado de la UGT por desoír órdenes y tratar de sostener la huelga contra la voluntad de las altas instancias de la organización, por lo que se vio obligado a exiliarse en Francia. Volvió a España en enero de 1919 y se afilió a la Central anarcosindicalista, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en Asturias. En marzo de ese año cayó preso por primera vez, en medio de la lucha contra la patronal minera de Asturias. Logró escapar y junto con otros camaradas planeó el asesinato del rey Alfonso XIII, pero el plan fue descubierto y ellos lograron escapar.

En 1920, con 24 años, ya era un activo militante de la CNT y un ávido lector de las ideas anarquistas. Ese año llegó a San Sebastián, donde conoció a su compañero Manuel Buenacasa. A partir de ese año, Durruti comenzó a participar en actos de acción directa, dentro de una pequeña organización clandestina que se identificó por medio de varios nombres, como “Crisol”, “Los Justicieros”, “Los Solidarios”, “Nosotros”. No era una banda terrorista, como los calificaba la prensa amarilla. A través de la memoria de sus militantes, hoy se sabe que fueron responsables de la muerte del gobernador de Vizcaya, teniente coronel José Regueral (quien en su primer acto como gobernador manifestó su intención de “meter al sindicalismo en cintura”) y del presidente Eduardo Dato, a principios del ‘20, habiendo sido estos últimos responsables de torturas, asesinatos y la prisión de cientos de obreros. En esos años la violencia desde arriba era enorme.


Los dirigentes sindicales socialistas y anarquistas eran perseguidos abiertamente. Bandas de pistoleros a sueldo (pagados por la burguesía) cazaban a tiros a los obreros en la calle. La persecución más violenta se dio en Barcelona. En 1923 el grupo “ajustició” al Cardenal de Zaragoza,Juan Soldevilla y Romero, un fascista organizador de bandas de pistoleros, sicarios, lo que se podría decir un digno representante de la iglesia de la época. También realizaron la expropiación más grande hasta el momento, asaltando el Banco de Gijón. Todos estos hechos violentos protagonizados por Durruti y sus compañeros fueron hechos políticos enmarcados en una guerra de clases no formalizada, pero real de aquellos años. Siempre hubo cuidado de que ningún inocente se perjudicara, como en el caso en el cual durante un asalto a un conde, Durruti consuela a su hijita aterrorizada y mientras le seca las lágrimas le dice: "tu padre tiene mucho dinero y nosotros no tenemos nada, así que nos lo repartimos". Este gesto pone de manifiesto el verdadero carácter de los hechos de acción directa. Nunca se llevaron para su bolsillo ni un peso expropiado. En el caso de Durruti, por ejemplo, son múltiples los testimonios de familiares y conocidos, que coinciden en destacar su modestia económica. Destinaban todo el dinero recaudado a los presos y a la lucha política; de sus asaltos salieron fondos para bibliotecas, editoriales y escuelas, como la escuela de León o la de La Coruña. También como postura ética estos militantes estaban obsesionados por la formación.

Muy limitados por la represión, Durruti y su amigo Francisco Ascaso, resolvieron ir a recaudar fondos a América. En el año 1924 llegaron a La Habana, donde se emplearon como estibadores portuarios y

participaron activamente en la organización del sindicato. Debido a esto, fueron perseguidos por la policía local. Con un compañero cubano fueron a trabajar como macheteros e, indignados ante la tortura de un sindicalista, tomaron venganza. En 1925, llegaron a México donde se les unióGregorio Jover, dieron un golpe y destinaron buena parte del dinero para financiar una escuela racionalista para los pobres en ese país y el resto para costear una biblioteca en París. Durruti escribió a los franceses en una carta: "Estos pesos los tomé de la burguesía, no era lógico que me los diesen por simple acuerdo". Luego de una corta estadía en Perú, el grupo que ahora se autodenominaba “Los Errantes” se dirigió a Chile y a la Argentina, donde asaltaron bancos para recaudar plata para la lucha contra la dictadura fascista de Primo de Rivera. El mismo año pasaron por Chile y protagonizaron el primer asalto a un banco en la historia de ese país. En 1926, se refugiaron en Montevideo y Buenos Aires entre compañeros anarquistas. Luego regresaron a España, donde volvieron a la pelea, la cárcel y el exilio. Fueron quince meses de intensa batalla, expropiaciones importantísimas, persecuciones de película y fugas espectaculares; sus hazañas y sus nombres se convirtieron en leyenda.


En un nuevo exilio en Francia, Durruti trabaja como mecánico en Renault y
Ascaso, de camarero. Ambos fueron detenidos por un pedido de extradición de España y de Argentina, donde estaban condenados a muerte. Su detención provocó un intenso repudio por parte de la sociedad francesa que logró movilizar a su sector más antifascista.

Mientras estaban en Francia, los dos compañeros conocieron a dos jóvenes del lugar, quienes los acompañarán desde entonces. Buenaventura y quien sería su compañera toda la vida, Emilienne Morin, se enamoraron en el exilio y desde ese momento se acompañaron siempre que pudieron. Pelearon juntos en el frente de batalla durante la guerra civil cuando Emilienne se alistó en la Columna Durruti. Los anarquistas no creen en el matrimonio por considerarlo una institución burguesa, pero sí creen en el amor y en la amistad, que son una y la misma cosa, imposibles de separar. El lazo que une a los compañeros no está avalado por iglesia o por gobierno alguno. Está sostenido solamente por el propio amor que los protagonistas se tienen entre sí y basado en la libertad de las partes. Emilienne fue la que mas lloró la pérdida de su amigo del alma. Su dolor fue inmenso, igual que su amor por él, pero continuó luchando hasta su muerte por el ideal por el que murió Durruti y tantos otros compañeros.


Ningún escritor se hubiera propuesto escribir la historia de su vida; ésta se parecía demasiado a una novela de aventuras... Este obrero metalúrgico había luchado por la revolución desde muy joven. Había participado en luchas de barricada, asaltado bancos, arrojado bombas y secuestrado jueces. Había sido condenado a muerte tres veces: en España, en Chile y en la Argentina. Había pasado por innumerables cárceles y había sido expulsado de ocho países.
Ilya Ehrenburg

Hay tres hipótesis sobre la procedencia de la bala fatal que acabó con su vida. Unos dicen que fueron los comunistas, partidarios de la UGT; otros sostienen que fueron sus propios compañeros, y una tercera postura afirma que fue un accidente. La situación que se vivía en España en los días de la muerte de Durruti era dramática. La guerra estaba por perderse; los fascistas estaban en las afueras de Madrid. Entonces, todos, sin distinciones de partidos o grupos, pidieron a Durruti que se trasladara con parte de sus hombres a Madrid. Ni García Oliver en Madrid, ni Buenaventura Durruti, estaban muy convencidos, pero, si no se salvaba Madrid, se desmoronaba el frente y era el fin. Finalmente, Durruti se trasladó con un grupo sin desmantelar el frente de Aragón.


El avance fascista se detuvo, pero el costo fue muy alto. Durruti murió. Su entierro en Barcelona fue multitudinario:

El cadáver llegó a Barcelona tarde por la noche (...) En la casa de los anarquistas, que antes de la revolución había sido la sede de la Cámara de Industria y Comercio, los preparativos ya habían comenzado el día anterior. (...) La ornamentación era simple, sin pompa ni detalles artísticos. De las paredes colgaban paños rojos y negros, un baldaquín del mismo color, algunos candelabros, flores y coronas: eso era todo. Durruti era un amigo. Tenía muchos amigos. Se había convertido en el ídolo de todo un pueblo. Era muy querido, y de corazón. Todos los allí presentes en esa hora lamentaban su pérdida y le ofrendaban su afecto. Y sin embargo, aparte de su compañera, una francesa, sólo vi llorar a una persona: una vieja criada que había trabajado en esa casa cuando todavía iban y venían por allí los industriales, y que probablemente nunca lo había conocido personalmente. Los demás sentían su muerte como una pérdida atroz e irreparable, pero expresaban sus sentimientos con sencillez. Callarse, quitarse la gorra y apagar los cigarrillos, era para ellos tan extraordinario como santiguarse o echar agua bendita. Miles de personas desfilaron ante el ataúd de Durruti durante la noche. Esperaron bajo la lluvia, en largas filas. Su amigo y su líder había muerto. (...) El entierro se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Desde el principio fue evidente que la bala que había matado a Durruti había alcanzado también el corazón de Barcelona. Se calcula que uno de cada cuatro habitantes de la ciudad había acompañado su féretro, sin contar las masas que flanqueaban las calles, miraban por las ventanas y ocupaban los tejados e incluso los árboles de las Ramblas. Todos los partidos y organizaciones sindicales sin distinción habían convocado a sus miembros. Al lado de las banderas de los anarquistas flameaban sobre la multitud los colores de todos los grupos antifascistas de España. Era un espectáculo grandioso, imponente y extravagante; nadie había guiado, organizado ni ordenado a esas masas. Nada salía de acuerdo a lo planeado. Reinaba un caos inaudito. El comienzo del funeral había sido fijado para las diez. Ya una hora antes era imposible acercarse a la casa del Comité Regional Anarquista. (...) Los obreros de todas las fábricas de Barcelona se habían congregado, se entreveraban y se impedían mutuamente el paso. (...) A las diez y media, el ataúd de Durruti, cubierto con una bandera rojinegra, salió de la casa de los anarquistas llevado en hombros por los milicianos de su columna. Las masas dieron el último saludo con el puño en alto. Entonaron el himno anarquista "Hijos del pueblo". Se despertó una gran emoción. (...) Las motocicletas rugían, los coches tocaban la bocina, los oficiales de las milicias hacían señales con sus silbatos, y los portadores del féretro no podían avanzar. (...) Los puños seguían en alto. Por último cesó la música, descendieron los puños y se volvió a escuchar el estruendo de la muchedumbre en cuyo seno, sobre los hombros de sus compañeros, reposaba Durruti. Pasó por lo menos media hora antes que se despejara la calle para que la comitiva pudiera iniciar su marcha. Transcurrieron varias horas hasta que llegó a la plaza Cataluña, situada sólo a unos centenares de metros de allí. Los jinetes del escuadrón se abrieron paso, cada uno por su lado. (...) Los coches cargados de coronas dieron un rodeo por las calles laterales para incorporarse por cualquier parte al cortejo fúnebre. Todos gritaban a más no poder. No, no eran las exequias de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo. Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible. Era simplemente un funeral anarquista, y allí residía su majestad. Tenía aspectos extravagantes, pero nunca perdía su grandeza extraña y lúgubre. Los discursos fúnebres se pronunciaron al pie de la columna de Colón, no muy lejos del sitio donde una vez había luchado y caído a su lado el mejor amigo de Durruti. Juan García Oliver, el único sobreviviente de los tres compañeros, habló como amigo, como anarquista y como ministro de Justicia de la República española. (...) Se había dispuesto que la comitiva fúnebre se disolviera después de los discursos. Sólo algunos amigos de Durruti debían acompañar el coche fúnebre al cementerio. Pero este programa no pudo cumplirse. Las masas no se movieron de su sitio; ya habían ocupado el cementerio, y el camino hacia la tumba estaba bloqueado. Era difícil avanzar, pues, para colmo, miles de coronas habían vuelto intransitables las alamedas del cementerio. Caía la noche. Comenzó a llover otra vez. Pronto la lluvia se hizo torrencial y el cementerio se convirtió en un pantano donde se ahogaban las coronas. A último momento se decidió postergar el sepelio. Los portadores del féretro regresaron de la tumba y condujeron su carga a la capilla ardiente. Durruti fue enterrado al día siguiente.

Kaminski

http://www.revolutionvideo.org/agoratv/especiales/videos/guerra_civil/durruti_re.html


http://www.youtube.com/watch?v=63zTPHt9tr4

13 de julio de 2010

Todo lo que siempre quiso saber sobre Anarquismo y nunca se atrevió a preguntar

Introducción

El anarquismo es probablemente la corriente política sobre la que se han dicho mayor cantidad de estupideces. En realidad, no tiene nada que ver con creer en el caos, la muerte y la destrucción. Los anarquistas no van por ahí cargados de bombas ni les parece ninguna virtud ir avasallando viejecitas.

No es accidental que la siniestra imagen del anarquista loco haya cobrado tanta aceptación. El Estado, la prensa y todo tipo de instituciones autoritarias utilizan todos los medios a su disposición para presentar la anarquía como un estado impensable de caos y asesinato. Poco podemos esperar de los "traficantes" de poder que, por otra parte, poco poder tendrían en sus manos si nos saliéramos con la nuestra. Necesitan creer en lo esencial de su autoridad y su obediencia para autojustificar sus crímenes. La TV, la prensa y la industria cinematográfica predican la obediencia, y si la anarquía es mencionada, aparece como destrucción descerebrada.

La mencionada necesidad de autoridad está tan arraigada en la mente del ciudadano medio, que la anarquía, que simplemente significa "falta de gobierno", resulta impensable para la mayoría de la gente. La misma gente, por otra parte, admite que los reglamentos, regulaciones, impuestos, intromisiones y abusos de poder (por nombrar algunos) son como mínimo irritantes. Por lo general se piensa que no hay más remedio que aguantar en silencio porque la alternativa de "falta de poder, de autoridad y todo el mundo haciendo su propia voluntad" sería horrible. Sería la anarquía.

Sin embargo existe una variedad ilimitada de sociedades posibles sin Estado, y no todas ellas serían desagradables. ¡Todo lo contrario! Cualquier tipo de sociedad anarquista nos ahorraría las terribles distorsiones que produce el estado. La "parte negativa" del anarquismo, es decir, la abolición del Estado, se verá equilibrada por lo que la sustituya? una sociedad libre y de libre cooperación.

Hay varios tipos de anarquismo, y sus ideas difieren respecto a la organización de una nueva sociedad. Todos tienen en común que el estado deber ser sustituido por una sociedad sin clases y sin violencia (fuerza restrictiva, represión). Es precisamente debido a nuestra creencia en la libertad que nos negamos a establecer pautas muy cerradas. Sólo ofrecemos modelos posibles que se apoyan en la evidencia del día a día. De hecho la sociedad anarquista ya ha existido históricamente e hizo falta nada menos que un asesinato en masa para detenerla.

Otro error típico de aquéllos que saben algo más sobre el tema, es pensar que el anarquismo es una bella utopía, una idea hermosa pero impracticable. De hecho, el movimiento anarquista tiene un largo recorrido histórico y no surgió de teóricos encerrados en sus torres de marfil sino directamente de la lucha por la supervivencia de masas de gente corriente y oprimida. La anarquía siempre ha sido intensamente práctica en sus pretensiones y en su forma de hacer las cosas. El movimiento ha estado muy cerca de abrazar el éxito en varias ocasiones. Si realmente es tan de todo punto inviable, ¿por qué se empeña el Estado en exterminar la anarquía?

Anarquismo elemental

Muy poca gente parece entender el anarquismo pese a que es una idea muy sencilla y clara. Básicamente quiere decir "dirigir nuestras vidas en lugar de que nos manipulen".

No hay nada especialmente complicado en el anarquismo, excepto las terribles discusiones que conlleva, como por ejemplo, "imagínate el caos que habría si todo el mundo hiciera lo que quisiera". Sin embargo, ahora mismo vivimos en el caos. Millones de personas están en el paro, mientras otras están sobrecargadas de trabajo, de un trabajo por demás repetitivo y rutinario. Hay gente que se muere de hambre a la vez que se está arrojando comida al mar para mantener los precios. El aire se encuentra contaminado a causa del humo que desprenden coches muchas veces ocupados por una sola persona.

La lista de locuras y situaciones caóticas en la sociedad actual es interminable.

Incluso los "beneficios" del Estado son en realidad perjudiciales. La Seguridad Social, por ejemplo, se dedica a poner parches como un taller de reparación industrial, y en el fondo es algo parecido. Estos servicios nos hacen dependientes del Estado y lo peor de todo, nos compran por muy poco. Frenan nuestra propia iniciativa de crear una Seguridad Social autogestionada y enfocada hacia nuestras necesidades, no hacia las suyas.

La autoridad, por su propia naturaleza, sólo puede interferir e imponer cosas. Seguro que la gente corriente puede imaginarse alguna forma de organización que impida al Estado la destrucción de sus hogares para construir bloques vacíos de oficinas. Es un principio básico del anarquismo que sólo aquellas personas que viven en una determinada zona tienen derecho a decidir sobre su organización, y sobre los asuntos que conciernen a esa zona.

Todo el casos, a nuestro parecer, deriva de la autoridad y del Estado. Sin clases dirigentes y su necesidad de mantenernos esclavizados no habría Estado. Sin Estado nos encontraríamos en situación de organizarnos libremente según nuestros propios fines. No creemos que pudiéramos dar pie a una sociedad tan caótica como ésta en la que nos ha tocado vivir. La libre organización resultaría en una sociedad mucho más tranquila y equilibrada que la actual, cuyo mayor interés es el del robo sistemático y el exterminio de la mayoría de sus miembros.

Típicos argumentos contra el anarquismo

A menudo nos preguntan cómo una sociedad anarquista trataría a los asesinos. ¿Quién los pararía sin policía?

La mayor parte de los asesinatos son crímenes pasionales y por tanto ni la policía ni nadie los puede prevenir. Esperamos, sin embargo, que en una sociedad más cuerda y menos frustrante no habrá tanta criminalidad.

Nuestros gobernantes dicen protegernos a los unos de los otros. En realidad sólo quieren protegerse a sí mismos y a su propiedad.

Si nosotros, como miembros de una comunidad local, fuéramos dueños de todos los recursos y los colectivizáramos, sería absurdo robar. Un importante motivo delictivo desaparecería.

Estas comunidades necesitarían organizar algún medio con que tratar a aquellos individuos que perjudicaran a los demás. En lugar de varios miles de policías profesionales, todos nos protegeríamos mutuamente.

Las cárceles son un fracaso a la hora de mejorar o reformar a los presos. Los vecinos de una comunidad, conociendo mejor las circunstancias personales de cada cual, aportarían soluciones mejores y más adecuadas tanto para la víctima como para el acusado. Por otra parte, el actual sistema penal es el responsable de la creación de un comportamiento delictivo. Los presos que cumplen una condena larga a menudo se convierten en seres incapaces de sobrevivir fuera de una institución que tome todas las decisiones por ellos. ¿Cómo puede llegarse a la conclusión de que encerrar a unas personas con otras de carácter antisocial (los peores don los carceleros) va a desarrollar en el individuo un modelo de comportamiento responsable y razonable? Naturalmente, lo que ocurre es todo lo contrario? la mayoría de los presos reinciden.

Otra de las preguntas con las que se ha tenido enfrentar el anarquismo durante años es? "Pero quién haría todo el trabajo sucio? Imaginamos que toda comunidad diseñaría un sistema rotativo. ¿Qué tiene de imposible?

Otra pregunta: ¿y qué pasaría con aquél que se negara a trabajar? Se puede aplicar presión social, por ejemplo, condenar al individuo en cuestión al ostracismo. En casos drásticos la comunidad podría verse obligada a expulsar a alguien.

Sin embargo, la gente necesita trabajar. La gente tiene una verdadera necesidad creativa. Fijaos en la cantidad de gente que pasa horas arreglando su coche, o su moto, o cuidando su jardín, haciendo prendas de vestir, creando música. Todas están actividades creativas pueden ser muy entretenidas. A menudos se las considera aficiones más que trabajo, pero es que se nos ha enseñado a considerar el trabajo un tormento que no hay más remedio que aguantar.

En esta sociedad el trabajo es efectivamente un tormento, y naturalmente lo odiamos. Eso no quiere decir que seamos vagos por naturaleza sino que no nos gusta que nos traten como si fuéramos máquinas, obligados a hacer un trabajo en su mayor parte desprovisto de significado, para beneficio de otro. El trabajo no tiene porqué ser así, y si estuviera controlado por la gente que lo desempeña, desde luego no lo sería.

Por supuesto hay trabajos que es necesario hacer, y hay pocas formas de hacer que la recolección de basura sea una ocupación divertida. Todo el mundo debería ocuparse de ello cuando te tocara el turno y sería labor de todos controlar que nadie se escaqueara.

Otro punto importante es señalar que el desempleo es sólo un problema creado por el capitalismo. En un mundo más razonable no habría paro. Todo el mundo tendría menos horas de trabajo porque sólo se producirían los artículos necesarios. Si nos deshiciéramos de la parásita clase dirigente, nos liberaríamos de gran parte de la presión económica que nos obliga a trabajar.

Si todavía no estás convencido de que una sociedad anarquista podría resolver el problema de la gente que se escaquea de sus responsabilidades, imagínate a ti mismo obligado a enfrentarte a una asamblea de tu comunidad, donde se discutiera que tú representas un problema. ¿Qué te parece?

Otra objeción típica es? "Bueno, eso a lo mejor funcionaba a pequeña escala, en un pueblo campesino, pero ¿cómo puedes dirigir una sociedad altamente industrializada sin necesidad de dirigentes?" En primer lugar creemos que la sociedad necesita ser dividida en núcleos menores siempre que sea posible, para que puedan ser dirigidos por grupos pequeños de gente corriente. Es un rasgo notable en cuanto a teoría de la organización, así como un principio básico del anarquismo, que los grupos pequeños trabajan juntos de forma eficaz y son capaces de coordinarse con otros grupos parecidos, mientras que los grupos informes y a gran escala son fácilmente manipulables. Dentro de este mismo punto es interesante señalar que recientemente, las famosas "economías de escala" que justifican por ejemplo las fundiciones que cubren kilómetros cuadrados, están siendo altamente cuestionadas. Llega un cierto punto en que las fábricas, granjas, los sistemas administrativos y demás, pierden eficacia a medida que se hacen más grandes.

Se debe producir y consumir a escala local mientras sea posible. Sin embargo, algunos servicios tendrían que tratarse a nivel regional o incluso a mayor escala. Esto no es un problema irresoluble, de hecho la clase trabajadora del Estado Español encontró soluciones en los años 30. La Compañía de Autobuses de Barcelona dobló sus servicios, hizo generosas contribuciones al colectivo de "Entretenimiento" Ciudadano (actividades lúdicas) y produjo armas para el frente en los talleres de autobuses. Todo esto se consiguió con un número de trabajadores bastante reducido, ya que muchos se habían ido al frente para combatir el fascismo. Este increíble aumento de la eficacia, a pesar de la guerra y de la escasez de materiales, no es tan sorprendente después de todo, porque ¿quién puede dirigir una compañía de autobuses de la forma más idónea? Obviamente sus trabajadores.

Todos los trabajadores de Barcelona estaban organizados por sindicatos -grupos de trabajadores del mismo gremio, subdivididos en grupos de trabajo. Cada grupo tomaba sus propias decisiones en lo referente al trabajo día a día y nombraba a un delegado que representaba sus puntos de vista en temas más generales concernientes a toda la fábrica o incluso a toda la región.

Los delegados eran portavoces de las decisiones tomadas en asamblea por todos los compañeros y el cargo de delegado se rotaba con frecuencia.

Los delegados podían ser revocados inmediatamente en caso de que no cumplieran con el cometido de ser meros portavoces de la asamblea (principio de revocabilidad). Esta es una buena muestra de los principios anarquistas de la libre federación llevada a la práctica.

Añadiendo más niveles de delegación es posible alcanzar una actividad a gran escala sin abandonar la libertad de trabajar en la línea que cada individuo elija. Esta idea de "federalismo" volverá a ser ilustrada en una sección posterior llamada "Acción y organización local".

Sigamos con más objeciones. ¿Una sociedad sin Estado no estaría indefensa ante ataques exteriores?

El hecho de vivir en una sociedad estatal no nos ha salvado del imperialismo. De hecho, nuestro ejército y fuerza armadas son utilizadas en nuestra contra como un ejército de ocupación. El Estado no nos defiende. Nos utiliza como carne de cañón para defender a nuestros dirigentes que, puestos a revelar la verdad, son nuestros verdaderos enemigos.

Volviendo a la pregunta, una respuesta anarquista clásica es la de armar al pueblo. Las milicias anarquistas españolas estuvieron cerca de ganar la guerra civil a pesar de la escasez de armamento, de la traición estalinista y de la intervención Alemania e Italia. El error fue dejarse integrar en el ejército regular de la República. Una población armada sería difícil de subyugar.

Pero sí, es cierto, nos podrían destruir. Creemos que nosotros constituimos la verdadera "amenaza nuclear". Los dirigentes norteamericanos probablemente nos exterminarían antes que permitirnos vivir en libertad.

Contra la amenaza de destrucción nuestra mejor defensa es el movimiento revolucionario en otros países. Dicho de otra manera, nuestra mejor defensa contra la bomba atómica rusa es el movimiento de los trabajadores polacos.

(NOTA de la tradutora: este análisis fue escrito antes de la caída de la URSS, por lo que ha quedado trasnochado)

En el caso del Estado, su mayor esperanza de no ser exterminados se basa en que nosotros destruyamos nuestra propia "bomba" (La CND todavía no se ha dado cuenta de que prohibir las armas "megadeath" significa abolir el Estado).

Hay que tener en cuenta que la Revolución Rusa se salvó de una intervención británica masiva gracias a una serie de motines y boicots de los obreros británicos.

Podríamos garantizarnos un verdadero sistema de seguridad si nuestros contactos internacionales evolucionaran hasta tal punto que los trabajadores de cada "país enemigo" fueran capaces de impedir que sus dirigentes nos atacaran.

Las páginas anteriores han sido una breve introducción al pensamiento anarquista. Hay muchas más ideas y detalles en libros que tratan el tema, pero básicamente se entiende el anarquismo viviéndolo, y trabajando en proyectos comunes con otros anarquistas. Este es el tema que trata la mayor parte de este libro: acción anarquista.

EL ANARQUISMO EN ACCIÓN

Si has leído este panfleto hasta aquí te habrás hecho ya una idea razonable de lo que es una sociedad anarquista. El problema es cómo llegar a ella.

Dentro del anarquismo hay muchas ideas diferentes pero todas ellas están relacionadas. Hay sistemas completos de teoría política anarquista denominados federalismo, mutualismo, individualismo, sindicalismo, comunismo libertario, feminismo anarquista, situacionismo, etc.

Los debates entre las distintas ramas del anarquismo se han sucedido durante mucho tiempo y son demasiado complejos para exponerlos en un panfleto introductorio.

Sin embargo, si pensamos en términos de lo que el anarquismo dice que hay de hacerse ahora, resulta que hay muchos puntos en común entre todas las ramas. Cada corriente enfatiza la importancia de la acción en un área determinada de la vida.

Si empiezas a poner práctica las ideas expuestas en las siguientes páginas, empezarás a crear tu propia versión de anarquismo. Al hacerlo estará añadiendo un nuevo miembro a u movimiento que siempre necesita nuevos miembros, especialmente gente que se cuestiona ideas y reflexiona sobre ellas. ¡Discute tus ideas con tus amigos, lee más sobre el anarquismo, habla con otros anarquistas!

Piensa de forma independiente. Es la única manera.

Organizarse en el trabajo

Tradicionalmente, los anarquistas siempre han pensado que el problema fundamental es que el mundo está dividido en "esclavos asalariados" y jefes. Si pudiéramos librarnos de los jefes y dirigir nuestras industrias nosotros mismos, en beneficio de nuestras necesidades y no de las suyas, mejoraríamos y transformaríamos claramente cada área de nuestra vida.

Sin embargo, hay anarquistas que piensan que la clase obrera está tan acostumbrada a estar esclavizada que habrá que buscar algún camino alternativo a la revolución.

En cualquier caso, una anarquista siempre intentará que sus compañeros cuando menos, se organicen en el trabajo. Intentamos difundir la idea de que si nos unimos evitaremos que nos mangoneen. Lo mejor es hablar con los compañeros de trabajo, que nos acepten y confíen en nosotros en lugar de presionar a la gente con sermones. La mejor forma de aprender la solidaridad es a través de la acción.

Los anarquistas deben ir a la huelga si ésta tiene lugar. Por lo general, tarea más importante en estos casos suele ser tratar de menguar el poder del sindicato mayoritario y propagar la acción directa en lugar de delegar todo el poder en el sindicato oficial. el fin del anarquismo es controlar nuestras propias vidas, no entregarlas al "representante oficial" para que nos traicione. La acción directa, sin intermediarios, es la forma más eficaz de ganar batallas laborales. La unidad es la fuerza.

Para el anarquista, las huelgas encaminadas a conseguir pequeñas reformas, las peleas entre distintos grupos de trabajadores, etc., no son especialmente revolucionarias. Para nosotros, el fin principal de estas acciones es que a raíz de ellas la gente empiece a aprender a organizarse y gane confianza en la fuerza colectiva. Esta experiencia podría ser útil a la hora de capacitar a los trabajadores para desafiar con eficacia la estructura del poder industrial y edificar un control de la producción por parte de los obreros.

Tenemos una larga historia de la que sacar provecho y muchas técnicas útiles que han funcionado en otros sitios. Ideas como ir disminuyendo progresivamente el ritmo de trabajo hasta que se equipare con lo equivalente a nuestro salario. O "huelgas del buen trabajo", es decir, hacer un buen trabajo sin reparar en el tiempo que cueste hacerlo (aunque baje el ritmo de producción). Estas acciones sólo tienen sentido si se realizan en grupo y con unidad. Son ejemplos de acción directa. No les preguntamos a los jefes lo que hay que hacer, se lo decimos nosotros. El método indirecto (el llamado democrático), por el contrario, significa esperar cuatro años y señalar con una cruz el nombre de un "candidato de izquierda", para que luego resulte que pertenece a la misma logia masónica que le candidato de la oposición.

Esperamos que la auto-organización obrera vuelva (como en otros momentos de la historia reciente) a alcanzar el punto de unidad en la acción que le permita enfrentarse definitivamente al Estado. Si en la próxima ocasión se dispone de la experiencia, organización, preparación y conciencia adecuadas será posible destruir e Estado y a sus dirigentes, y avanzar hacia una sociedad anarquista y un mundo anarquista.

Hay varios análisis anarquistas que exponen cómo podría llegarse a esta situación. Hay quienes apoyan la idea de construir sindicatos dirigidos por las bases y no por la cúspide dirigente, como es lo habitual. Este tipo de sindicalismo es una clara estrategia revolucionaria que ha probado su eficacia en el pasado. El sindicato incluye a todos los trabajadores de cualquier lugar con el fin de desarrollar la auto-organización hasta el punto en que los obreros puedan tomar las fábricas. Allá donde sea necesario, las huelgas pueden recibir el apoyo de obreros de otros gremios o lugares que se solidaricen con ellos.

Finalmente, se habrán unido suficientes obreros para poner en marcha una huelga general. El Estado quedará paralizado y uno podrá hacer nada a menos que confíe en el ejército, que no se levantará contra sus familiares. La huelga general será un levantamiento general, o desembocará en uno. A partir de aquí se puede comenzar la construcción de una Utopía real.

Algunos anarquistas rechazan aspectos de este plan. Desconfían del alcance de los sindicatos, aunque sean sindicatos descentralizados. Les preocupa la posible aparición de líderes profesionales. También existe el peligro de perderse en la maraña de los pequeños logros cotidianos.

En cualquier caso, esta diferencia no nos impide trabajar juntos. Las condiciones para crear sindicatos anarquistas a nivel mundial, especialmente en algunos países donde el sindicalismo se ha neutralizado completamente, no son muy alentadoras.

En estas circunstancias, lo mejor es promover lazos entre los trabajadores que se enfrentan a los sindicatos mayoritarios que monopolizan la información para mantener el poder. Debe promoverse toda acción que ponga el control en manos de los trabajadores, como por ejemplo los piquetes.

Sería de utilidad que los anarquistas que trabajen en la misma fábrica se pusieran en contacto. Si no existen contactos, una conferencia sería un buen punto de partida.

Cuestiones a nivel nacional

Campañas a gran escala.

Los anarquistas no suelen tener mucha influencia en campañas a gran escala, en parte porque suelen están copados por cristianos, liberales, diversos grupos de izquierda, etc. y a menudo las convierten en algo tan descafeinado que ningún anarquista que se precie se acercaría a semejante cuento.

De hecho, vemos el sistema de liderazgo de estos grupos como una parte importante del sistema, cuya función es la de controlar el movimiento de protesta y canalizarlo hacia niveles inocuos.

Un ejemplo práctico de este confusionismo fue el creado por la organización "Amigos de la Tierra" al cuestionar la investigación pública que se estaba llevando a cabo acerca de la planta de reciclaje nuclear de Windscale. El resultado fue que un montón de energía y dinero se malgastó en la discusión entre dos expertos rivales. El gobierno creó la ilusión de que debía ser justo y razonable, y de que tenía derecho a emitir su propio juicio. El veredicto, por supuesto, ya se sabía de antemano, y se dio luz verde al proyecto. El "efecto real" era el de confundir la protesta contra el programa de energía nuclear y hacerla difusa.

Por otra parte, muchos anarquistas creen que es positivo involucrarse en campañas como CND (Campaña por el Desarme Nuclear), la Liga AntiFascista, el Frente de Liberación Animal, etc. El argumento es que, gracias a esto, algunas personas podrían llegar a conocer el anarquismo. Una presencia anarquista podría favorecer este proceso. Además, las campañas que aportan temas esenciales a la atención pública generan oportunidades de mostrar que los males particulares están relacionados con represión general y la necesidad de una revolución. En algunos casos es recomendable que haya una presencia anarquista en estas organizaciones para evitar la manipulación por parte de ciertos grupos políticos bastante nocivos. A veces es incluso posible introducir formas de funcionamiento anarquistas.

Por ejemplo, un anarquista involucrado en un grupo anti-nuclear intentará señalar la relación entre el armamento nuclear, la energía nuclear, el militarismo, el Estado y la sociedad de clases. Señalaríamos la futilidad de ir rogando contínuamente al Estado y recomendaríamos a los obreros que construyen armamento que hagan algo más útil en lugar de eso. Haríamos todo lo posible para que los partidos parlamentarios de izquierda no se dedicaran a domesticar todos los movimientos de protesta populares.

También hemos de intentar difundir más métodos organizativos descentralizados y basados en grupos pequeños federados entre sí. Esto tendría la ventaja de conseguir una mayor flexibilidad y de dar a cada miembro mayor oportunidad de autodesarrollo, así como de impedir que se generara un elite dirigente.

Pocos anarquistas afirmarían que movimientos como los antinucleares, etc. sean revolucionarios; probablemente ni siquiera consigan el desarme nuclear. Sin embargo, podemos esperar que gracias a ellos se vaya despertando la conciencia pública y muchos se den cuenta de cómo funciona esta sociedad realmente.

Relaciones interpersonales

Como hemos dicho anteriormente, el anarquismo conlleva una preocupación por los derechos de individuo. No tiene sentido estar teorizando ni programando actividades si finalmente no va a servir para mejorar la vida de individuos como tú y yo.

A diferencia de los marxistas y otros pseudo-socialistas, creemos que al menso debemos intentar poner en práctica nuestros principios en el día a día. Si crees en la igualdad, trata a los demás como iguales siempre que puedas. Puede que a un marxista le resulte más fácil que a un anarquista olvidar el maltrato al que Marx sometía a sus criados y a su mujer.

La forma en que nos tratamos unos a otros refleja la totalidad de la sociedad. En una sociedad desequilibrada la gente se trata mal.

Por desgracia, los hippies estaban equivocados. No es cierto que "todo esté en tu cabeza". Soluciones individuales como el ácido lisérgico y la vida campestre resultan no ser soluciones en absoluto, sino simplemente escapismo. Antes de la revolución no es posible decidir irse a vivir como si fueras libre; esta sociedad no te lo permitirá.

Antes de la revolución es responsabilidad de cada cual creer, como si fuéramos seres humanos razonables, en u mundo razonable. Es difícil, pero no imposible, con la ayuda de tus amigos, evolucionar a un estado más avanzado que el simple estado de dependencia en que esta sociedad intenta mantenernos.

La familia autoritaria

Un mito común, tanto en el fascismo como en el antihumanismo cotidiano, es la "santidad" de la familia y la "santa" institución de la maternidad.

Muchas mujeres hoy en día luchan contra el papel que les han impuesto de ser madres y nada más, y contra la dominación diaria de mujeres y niños por parte de los hombres, que es en lo que consiste la familia.

La realidad de la vida familiar difiere bastante de la idea sentimental. Malos tratos a mujeres, violaciones y abusos infantiles no son sucesos accidentales ni aislados; son el resultado de un condicionamiento dentro de la familia y por parte de los medios de comunicación.

Hasta que no tengamos libertad e igualdad en nuestras vidas diarias, no tendremos libertad ni igualdad en absoluto.

No tienes más que mirar los patrones de "señor y esclavo" de cualquier revista pornográfica para comprobar que la represión sexual lleva a la dominación y a la sumisión. Si el poder es más importante que la realización en tu vida sexual, también lo será en los demás aspectos de tu vida.

Apoya el amor libre. Si no es libre, no es amor.

La derecha habla mucho sobre el tema sexual y lo que ellos llaman "moralidad" y "pureza" sexual. Incluso la "pureza racial" es una idea en gran medida relacionada con el sexo. Está basada en el temor a la sexualidad de las "razas inferiores", temida por que amenaza su propio poder y control sexual.

Los racistas preguntan: "¿Dejarías que tu hija se casara con uno de ellos?" ¿Quién eres tú para decidir lo que "tu" hija deber hace con su vida sexual?

Generalmente , los anarquistas nos están de acuerdo con el matrimonio convencional. No aceptan que las relaciones sexuales se conviertan en un negocio del estado o de la Iglesia. La verdadera seguridad emocional tanto para los hijos como para los adultos no se encuentra tanto en una unión artificialmente mantenida y legalmente vigente, como en una red más extensa de relaciones que pueden tener un componente sexual o no.

Muchos anarquistas consideran que vivir en una comuna es una forma de cambiar la sociedad, pero vivir en la misma casa que otros nueve individuos no es la clave del futuro ideal. Lo importante es cambiar nuestras actitudes: abrirse más, ser más generosos y menos competitivos y temerosos de los demás.

La mayoría de los anarquistas se limita a ser un poco más sociable que la mayor parte de la gente. Hacemos lo que podemos conscientes de que la perfección es imposible en una sociedad represiva. No hay santos anarquistas.

Cambiando el día a día

A menos que podamos ayudar a la gente, incluídos nosotros mismos, a perder el miedo, la ansiedad y la inseguridad, no tiene mucho sentido esperar que nos comportemos con sensatez y empecemos a construir una sociedad libre y creativa. Las ideas autoritarias y el odio irracional a chivos expiatorios como los negros o los homosexuales son parte de la locura colectiva.

Afortunadamente, hay personal que ya está trabajando en aras de conseguir una mayor salud mental, y los anarquistas deberían hacer todo lo posible por apoyar estos movimientos.

De éstos, el ejemplo más claro es el movimiento de psicoterapia radical. A grandes rasgos, los grupos de este movimiento intentan rechazar la vieja idea del psiquiatra experto que resuelve los problemas de sus pacientes, en favor de un método en que la gente se autoayude. Por desgracia, son las clases medias neuróticas las que se han beneficiado de esto. Las tarifas de estos grupos de encuentro son demasiado altas para gente como nosotros, y grupos de encuentro centrados en los problemas organizativos de la industria no son la mejor vía para edificar una sociedad nueva.

Existen grupos de terapia de auto-ayuda, sin embargo, que prometen, y podrían servir. Los de mayor éxito parecen ser aquellos con un tipo específico de miembros, tales como depresivos, grupos de mujeres, etc. La gente no tiene porqué ajustarse a situaciones imposibles y deben aprender a autoafirmarse y a expresarse por sí mismos.

Gran parte del caos psicológico que sufren los seres humanos tiene mucho que ver con las relaciones injustas entre ambos sexos; los anarquistas esperan mucho del movimiento de liberación de la mujer. Y no es que todas las feministas sean revolucionarias. La Organización Nacional de las Mujeres, por ejemplo, estaba emocionada ante la perspectiva de que las mujeres tuvieran por fin acceso a los espacios de control de misiles nucleares. Sin embargo, hay una gran corriente anarquista dentro del movimiento feminista, que enfatiza la asamblea, la auto-ayuda y la importancia de que las mujeres acepten y comprendan sus sentimientos hacia los demás. Desafiar la dominación masculina debería conducirnos a desafiar todo tipo de dominación.

El movimiento de liberación de la mujer también ilustra otra evolución prometedora: la tendencia a organizarse en grupos pequeños y colectivos. Si trabajan bien pueden ser de gran ayuda y crear autoestima e los individuos que lo forman. Otros movimientos, como el movimiento gay, asociaciones de demandantes, squatters, grupos de auto-ayuda sanitaria, etc. son positivos por la misma razón. Esta forma de organizarse tiende al desarrollo de la salud mental.

Todo lo que anime a la gente a adquirir responsabilidades y a examinar sus relaciones con el resto del mundo debe apoyarse. Finalmente, esperamos que las actitudes cambiarán lo suficiente para permitir a la gente que vuelva a tomar las riendas de su propia vida.

Acción y organización local

La acción directa puede utilizarse para cambiar las condiciones de casas, calles, colegios, hospitales y otras instalaciones. Las reformas, en sí mismas, no representan una gran contribución ala construcción de la sociedad anarquista, pero es importante que la gente se conciencie de la importancia del potencial de la acción directa. Estas acciones pueden llegar a promover sentimientos de espíritu colectivo y de auto-organización. Despiertan la conciencia política. Si salen mal, pueden llevar a la desesperación y a una desilusión total respecto a la raza humana. Estos sentimientos pueden conducirte al suicidio político. Hay ejemplares de estos desencantados en los mítines de los partidos mayoritarios.

¿De qué tipo de acciones estamos hablando? Si te hace falta un vivienda, ocupa una. Así desafías a las autoridades y a la propiedad privada. La ocupación demuestra con eficacia el sinsentido de que existan casas vacías a la vez que hay gente sin hogar. Por desgracia, el prejuicio popular impide que la ocupación obtenga el apoyo generalizado necesario para un cambio real.

La vida comunitaria de la calle puede mejorarse mediante festivales, teatros callejeros, etc. Por supuesto, a menos que seas el tipo de anarquista que tiene contactos por las alturas, este tipo de acción puede tener sus inconvenientes.

Los anarquistas han participado y a menudo han soñado también todo tipo de esquemas de auto-ayuda, incluyendo un mejor aprovechamiento de la tierra, esquemas rotativos de trabajo, esquemas de colectivización de los productos... Estos esquemas son una muestra de independencia y de la viabilidad de formas alternativas de intercambio económico. Desconfiad de los liberados que intentan profesionalizar la idea y destruir sus beneficios reales haciéndola parte del sistema.

Otra área principal de la actividad anarquista es la de involucrarse en campañas locales. Estas pueden resultar útiles a la hora de desarrollar la conciencia publica y su capacidad organizativa, y pueden tener la virtud de invitar a la gente a pensar sobre cuestiones políticas. Una campaña contra el cierre de un hospital local, por ejemplo, hace surgir cuestiones como quién controla los hospitales y para quien es el beneficio. Por desgracia, la gente a menudo se deja confundir por sus ilusiones de "democracia" y política parlamentaria, y acaban desvinculándose de la campaña o engañados por las promesas. Esto puede llevar a la desilusión y a la apatía. el papel del anarquista es intentar asegurarse de que el resultado de una acción es el rechazo a las autoridades y la promoción de la acción directa.

Es difícil encontrar el equilibrio entre involucrarse para conseguir reformas inmediatas ( así promover una creencia falsa en el Estado como fuerza benevolente) y examinar las implicaciones a largo plazo de tus acciones. Si dejas que tus sentimientos de desmanden acabarás creyendo en el reformismo, desesperado por arrancar la corrupción de la sociedad. Esto es comprensible, pero es contraproducente a la hora de arrancarla de raíz.

Hacer mejoras en el sistema significa reforzarlo, y a la larga, aumentar la miseria humana.

Cuando las condiciones locales se vuelven insostenibles, se generan tumultos. Los tumultos esporádicos, nacidos de la frustración y no de la organización, no son particularmente revolucionarios. Si hubieran estado organizados, habría sido una insurrección, que es otra cosa. Entonces, ¿cómo se organizan los anarquistas?

Los individuos se unen a grupos anarquistas para coordinar sus acciones con otros, no para que les digan lo que tienen que hacer. El grupo al completo discute una acción particular, pero sólo aquellos que estén a favor la llevarán a cabo. Esto contrasta por completo con los grupos trostkistas en los que el individuo tiene que aceptar la línea de su partido.

La discusión en un tema importante, o en una acción común, simplemente significa la aparición probable de un nuevo colectivo. En cada país existen federaciones de colectivos libertarios, que de esta forma permanecen coordinados (por supuesto, de forma no-autoritaria).

Este modelo de organización ya se ha generalizado en otras corrientes de la actividad política, como por ejemplo, en grupos de mujeres y en algunas asociaciones de vecinos. Si el anarquismo crece, esperamos que aumente esta forma de organización.

Grupos de personas en una calle o en un lugar de trabajo pueden organizarse así para tomar decisiones que les incumben. Pueden mandar delegados a encuentros a mayor escala, pero siempre instruyéndoles en lo que tienen que decir, haciendo el cargo rotatorio y revocándolos si alguno intentaba autoinstituirse en líder. ¿Una idea utópica? Ya funciona en muchos grupos, a pequeña escala. ¿Qué es lo que parece tan difícil? Todo lo que necesitamos es una revolución total en la conciencia cotidiana. De esta forma, un sistema anti-autoritario de organizar todos los aspectos de nuestra vida desde la cuna a la tumba podría surgir. Sería un tipo federalista de sociedad anarquista.

El anarquismo encuentra vital educar a la gente para una nueva sociedad. Algunos incluso dirían que es todo lo que razonablemente podemos hacer. Intentar hacerla revolución con una minoría muy pequeña no tiene sentido, e incluso con las mejores intenciones sólo podría conducir a una nueva esclavitud. Una verdadera revolución sólo puede hacerse si una gran mayoría la quiere y participa activamente en la creación de un mundo nuevo. Por supuesto, tendríamos muchas más oportunidades si la ente se hubiera organizado previamente, y hubiera reflexionado sobre los consiguientes problemas y cuestiones. Lo cual significa que una de nuestras prioridades es la difusión de nuestras ideas.

Sin embargo, es mejor evitar presionar a la gente con sermones. No queremos meros seguidores. Otro peligro incluso peor es que hagamos de nuestras vidas un dogma. Finalmente, no queremos predicar, sino hablar con la gente.

Este último punto es importante. Probablemente, el síntoma más claro de la degeneración de la sociedad moderna es que la comunicación cada vez se hace más impersonal, más estandarizada y más subjetiva. La comunicación se ha convertido en un artículo adquirible, "sonidos" que se compran en cintas de plástico. Todos los medios de comunicación modernos tienen 2 cosas en común: tienes que pagar por ellos y no hay forma de participar en ellos, o miras, o escuchas, no se te pide nada más.

Nuestra creencia en la libertad nos lleva a exigir libertad de expresión y libertad de prensa. Esto podrá sonar raro, como si se tratara de una manifestación de los liberales del s. XIX. Ahora los liberales parecen bastante satisfechos de haber conseguido estas preciadas libertades.

Lo que quieren decir es que ellos tienen esas libertades, los comunes mortales, y menos los "extremistas peligrosos" como nosotros, no las tenemos. Podemos decir (casi) todo lo que queramos, pero no en horas de máxima audiencia; podemos escribir lo que queramos, pero ¿se publicará en la prensa oficial? A menos que tengamos una verdadera oportunidad de que nos escuchen, la libertad de expresión poco significa, y no les preocupa concedérnosla.

Hay quien dice que el golpe de estado de Tejero fracasó porque los guardias civiles tenían un concepto trasnochado del poder político y, por consiguiente, tomaron el parlamento. Para la próxima vez ya lo saben: lo que hay que tomar son las emisoras de radio.

Los periodistas, los impresores, los escritores, técnicos y actores quizá deban jugar un papel muy importante en la lucha por una nueva sociedad. Está en sus manos decir la verdad. Deberían estar tan avergonzados de la bazofia que, obedientemente, siguen produciendo, que a estas alturas ya tendrían que haber dimitido. Es urgente que la industria de la comunicación se ponga al servicio de la agitación política, y que los trabajadores controlen los contenidos de la emisión.

Debido a que los medios de comunicación están tan controlados por una oligarquía que sabe muy bien de la importancia de su poder, hay pocas probabilidades d que podamos difundir nuestras ideas a través de los medios establecidos. Necesitamos encontrar alguna otra forma de difundir nuestras ideas hasta que llegue el momento de que podamos apoderarnos de los medios de comunicación.

Nos han empujado a los límites de lo social. Nos vemos obligados a crear nuestros propios medios para expresarnos. Naturalmente, todo ello a pequeña escala, por eso alcanzamos a un grupo reducido de gente con cada panfleto, revista, etc. Esperamos que cada pequeña acción se vaya sumando. Después de todo, mil panfletos no son un desperdicio si logran convencer a un sólo nuevo anarquista.

Difundir la idea es importante, se ha intentado en muchas ocasiones y de muchas formas distintas. He aquí varios métodos utilizados por los anarquistas para comunicar sus ideas:

La palabra impresa

El movimiento anarquista ha producido una gran cantidad de artículos, revistas, periódicos, libros y panfletos a lo largo de su historia, algunos con una tirada excepcional. Muchos fueron leídos sólo por unos pocos y han caído en el olvido para siempre.

El esfuerzo ha sido una pérdida de tiempo. Cada vez necesitamos material anarquista en mayor cantidad y mejor escrito. Aquellos que están receptivos deben poder tener posibilidades de información a su alcance.

Las octavillas, a menudo pasadas rápidamente a multicopista para una acción concreta, son la posibilidad más barata y la más sencilla. El estilo debe ser sencillo y directo. Ilustraciones, incluídas las fotografías pueden hacerse a cliché con un coste ligeramente superior.

Los panfletos baratos sobre temas concretos siempre pueden tenerse a mano cuando surja una conversación sobre el tema. Este, por ejemplo, esta diseñado para todos aquellos que insisten en las típicas preguntas sobre la viabilidad de la sociedad anarquista como "¿y qué pasaría con los asesinos?"

Las revistas y periódicos pueden ser de dos tipos: aquellos dirigidos o de interés sólo para los anarquistas, y aquellos que apuntan a una multitud no comprometida. Parece que ha muchas publicaciones para anarquistas convencidos, pero muy pocas con el fin de agitar a las conciencias dormidas. Hay unas cuantas publicaciones anarquistas de gran calidad: además, muchos anarquistas trabajan en publicaciones locales sobre temas que conciernen a la comunidad.

La publicación de libros y su distribución son también una parte importante del movimiento. Puedes encargar libros anarquistas en tu biblioteca local. También quedan muchos libros por escribir. Necesitamos más trabajos sobre teoría anarquista, más análisis de la sociedad actual y de las estrategias adecuadas, para variar. La ficción o la poesía también entran en la esfera de acción. Escribir un libro no es algo tan imposible como parece al principio. Muchos escritores son perfectos idiotas, de hecho.

Teatro callejero.

Este medio de comunicación no ha sido lo suficientemente explotado por los anarquistas. Escribir y ensayar obras puede llevar ala formación de un colectivo. El procedimiento legal es solicitar un "permiso de planificación" (Aseguraos de poneros un nombre inofensivo). Por otra parte, el "Ejército de Santa Claus" que invadía los departamentos de juguetes en los grandes almacenes de Amsterdam y repartía juguetes a los niños también estaban haciendo teatro callejero, aunque de una forma menos legal. Algún tipo de actuación semi-teatral que lleve a la gente a reflexionar es una buena alternativa a las manifas de siempre.

Encuentros públicos

Hubo una época en que los encuentros anarquistas llamaban a 30 o 40mil personas. Los encuentros públicos han declinado a favor de los entretenimientos de masas. Cincuenta personas es un buen número hoy día. Elegid un tema, seleccionad portavoces, alquilad un local y haced publicidad. Puede suponer mucho esfuerzo pero a veces aparecen nuevos miembros o al menos suscita interés. La gente os tomará más en serio.

Medios de comunicación alternativos

Este título tan vago quiere cubrir medios de comunicación heterodoxos desde las chapas y las pintadas a spray hasta los vídeos. Pequeños mensajes dirigidos a la difusión pueden escribirse en puertas de wáteres o escribirse a spray en las paredes de la autopista. El vídeo no es muy caro, ni es muy difícil conseguir cámaras alquiladas. También cabe la posibilidad de las emisoras de radio piratas, y no hay porqué prescindir de la danza o el mimo u otras ideas para transmitir un mensaje. Usa tu imaginación.

Aunque estamos excluídos del mercado de medios de comunicación para las masas, hay otras formas de transmitir nuestras ideas.

Finalmente, la forma en que una idea se comunica es casi tan importante como la idea en sí. Si permite o promueve la participación de la gente para que ésta deje de ser una simple audiencia y pueda expresarse por sí misma, es un desafío directo al sistema de poder que necesita mantenernos dóciles.

Música

La música rebelde o revolucionaria tiene una historia mucho más antigua que la que los modernos jóvenes de hoy o los caducos hippies de ayer puedan imaginar. Créase o no, muchas óperas giran en torno a temas revolucionarios. En el s. XVIII, en la década de los 30, la posesión de un instrumento musical en Inglaterra estaba prohibida para los estamentos sociales más bajos, ya que los músicos errantes eran verdaderos agitadores del descontento social.

Muchos anarquistas eligen la música como medio de comunicación con la gente. Es una forma de actividad útil para los anarquistas, y además es divertida. Por desgracia, mucha de la actual música anarquista, ni es anarquista ni es música, pero hay alguna buena, y alguna incluso muy buena. Cuestión de gustos.

La música tiene la fuerza de apelar a las emociones directamente. Es posible comunicarse de una forma más básica. También se puede utilizar para hipnotizar y manipular a la gente, cosa que espero que evitemos hacer.

Por tanto, lo que necesitamos hacer es que la música llegue a la gente, animarles a intentarlo y a sacar a relucir su creatividad. Las posibilidades de la grabación casera son muy interesantes.

Necesitamos crear una música alternativa que desafíe a la industria musical Que aúllen cuando se enteren de que sus cintas se están grabando ilegalmente. Les hemos puesto las cosas fáciles demasiado tiempo.

El arte

Los cuadros expuestos en las pinacotecas han sido descritos como arte de museo; eso quiere decir que son objetos para ser admirados, comprados y vendidos. Separan el arte de la vida y de la gente. El arte como un artículo en venta es lo mejor que este sistema puede ofrecer. El arte como actividad no podría ni entenderse ni permitirse.

Hay una necesidad imperiosa de que la gente corriente libere sus capacidades creativas. Al menos esto se puede intentar poner en práctica cuando hablamos con la gente. Se pueden encontrar formas de trabajar para el movimiento y divertirse al mismo tiempo. A través de la creatividad podemos llegar a partes ocultas de la gente que otras ideas no alcanzarían.

Difundir la idea, es decir, hacer "propaganda", ha de ser uno de los objetivos primordiales de la estrategia anarquista. Por encima de todo, una revolución anarquista requiere que la gente sepa lo que hace y porqué lo hace. Nadie puede ser obligado a ser libre: o se elige y se toma, o no es verdadera libertad. Nuestra labor es más dura que la de los testigos de Jehová que van de puerta en puerta. No basta con que digamos a la gente lo que tiene que pensar: o piensan por sí mismos, o no son verdaderos anarquistas.

La escuela y la educación

Aunque desconfiamos en principio de la institución escolar, los anarquistas tiene gran fe en el poder de la educación. Una de las mayores fuentes de esperanza para u mundo mejor es que la próxima generación, con la ayuda necesaria, crezca menos neurótica que la anterior. Algunos dicen incluso que educar a los niños para la libertad es la única esperanza real de crear una sociedad anarquista.

Las escuelas se ocupan principalmente de seleccionar y dividir a los niños en niveles para su futuro papel en una sociedad jerarquizada, y asegurarse de que internalizan la competitividad, la jerarquía y el respeto a la autoridad. Este sistema exige que la mayoría de los niños, y de los adultos, se sientan inferiores. Los anarquistas pensamos que las pruebas académicas son una medida insignificante respecto al potencial de una persona para jugar un papel importante en la sociedad. El culto al experto profesional está diseñado para destruir nuestra auto-estima en nuestras posibilidades y en nuestra capacidad de juicio.

Los anarquistas nos oponemos al castigo corporal y a todas las formas de obligación en la educación. La asistencia a clase debería ser voluntaria. La obligatoriedad destruye el entusiasmo natural por saber y comprender. La verdadera educación es lo contrario a la escuela obligatoria, donde se aprende principalmente a temer y respetar la autoridad. Necesitamos, en cambio, que nuestros hijos desarrollen una capacidad crítica para entender el mundo, para ver los cambios que es necesario hacer para crear un lugar mejor para todos, y ser capaces de llevar a cabo estos cambios.

Los anarquistas nos oponemos al adoctrinamiento religioso en los colegios. El miedo y la superstición no tienen lugar en una educación ética. La educación religiosa debería abolirse y sustitiurse por una clase enfocada a discutir cuestiones morales y filosóficas basadas en la preocupación y el respeto a los demás.

Es una locura pensar que la educación actual sólo consiste en pasar 1 años o más de nuestras vidas en colegios que nada tienen que ver con el mundo exterior. Sería mucho más saludable para nuestra educación que ésta integrara aspectos del trabajo cotidiano y la vida social. Así, las habilidades de cada uno podrían ser reconocidas por la sociedad y utilizadas para la educación de otros. Necesitamos destruir las líneas divisorias entre trabajo, juego y educación. La educación debería estar disponible en cualquier momento de nuestras vidas, en lugar de estar confinada arbitrariamente a esa parte de la vida que pasamos en la escuela. Todos somos alumnos y profesores potenciales, todos tenemos habilidades que desarrollar y que enseñar durante toda nuestra vida.

Los anarquistas estamos generalmente de acuerdo en que la completa liberación de la educación depende de la creación de una sociedad anarquista. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para intentar crear entornos más libres donde los niños puedan crecer y aprender, aquí y ahora. Algunos anarquistas han educado a sus hijos en casa. Otros los han educado conjuntamente con otros padres e hijos. Han trabajado juntos en lugar de permanecer en núcleos familiares aislados. En las últimas 3 décadas varias escuelas libres se han establecido basándose en principios libertarios, y han desempeñado un servicio muy valioso demostrando de forma práctica que hay alternativas posibles. Sin embargo, han tenido que enfrentarse a constantes problemas económicos y a todos los otros problemas que supone vivir en una sociedad como la nuestra intentando crear una sociedad libre.

Algunos anarquistas y otros que comparten sus puntos de vista sobre la educación han llegado a la conclusión de que en un futuro predecible, la mayoría de los niños asistirán a escuelas estatales y, por tanto, han intentado cambiar estas escuelas desde dentro, así como a los padres y profesores.

Aunque hacia los años 60 la institución escolar había aceptado los métodos libertarios en la escuela británica de A. S. Neill's Summerhill, se trataba de una escuela privada a la que sólo tenían acceso niños de padres ricos, que se horrorizaron al ver que métodos similares se estaban adoptando en escuelas públicas para niños de clase obrera. Los intentos más fructíferos se dieron en la Risinghill School y en William Tyndale School de Londres, pero fueron abortados por la autoridad educativa local y los profesores fueron expulsados.

La lección a extraer para aquellos que vuelvan a intentarlo en el futuro es que es esencial romper el aislamiento al que se somete alas escuelas respecto a la comunidad, para que los padres entiendan y apoyen activamente la implantación de la pedagogía libertaria en los colegios

Conclusión

Para una consideración más detallada de la teoría anarquista, hemos incluído una bibliografía, hemos hecho listas de áreas de actividades y subrayado la corriente anarquista. No hemos intentado indicar que tipo de actividad conducirá más probablemente a un futuro antiautoritario. Este tipo de juicio requiere una consideración más detallada de la naturaleza de la sociedad en cuestión y de una estrategia revolucionaria. Esperamos que tú sacarás tus propias conclusiones. Los anarquistas siempre crean su propia opinión.

Si estás interesado, lee más, habla con los anarquistas de tu localidad, reflexiona sobre las ideas. Hay mucho que hacer.

¿Se te ocurre alguna buena excusa para no ser anarquista? Bueno, pues entonces, ¡adelante!